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EE.UU. consuma su revancha y se lleva la Ryder Cup

EFE EFE


El equipo de los Estados Unidos se aseguró el triunfo en la XXXVII Ryder Cup de golf al sumar 14,5 puntos en los partidos individuales, suficientes para la victoria, aunque los americanos apretaron el acelerador y acabaron ganando por 16,5 a 11,5.

Jim Furyk dio el punto decisivo que certificó el triunfo estadounidense en el campo de Valhalla (Kentucky) ante el español Miguel Ángel Jiménez que jugó una ronda muy por debajo de su nivel habitual.

Se consumó la revancha americana después de tres derrotas consecutivas en la Ryder Cup. Los norteamericanos no ganaban desde 1999, pero desde hoy vuelven a sentirse orgullosos de su equipo de golfistas y podrán disfrutan al ver cómo los europeos, los favoritos al inicio, toman el avión de regreso a su Viejo continente cabizbajos, con el amargo sabor de la derrota en sus labios.

De esa guisa volvieron por tres veces seguidas a sus hogares los norteamericanos, en esta competición bienal que no reparte premios en metálico y cuyo trofeo, minúsculo pero cargado de significado, parecía que nunca iban a tocar de nuevo.

La autoridad con la que antaño los norteamericanos vencían al equipo formado por jugadores sólo de las Islas Británicas se quebró con la entrada de golfistas del continente, en la Era de Seve Ballesteros. Varió tanto el signo que el dominio europeo comenzó a preocupar a los rectores del golf estadounidense y, paralelamente, a los que mantienen el negocio.

Pero Valhalla marcará un antes y un después en la historia moderna de esta competición. Esta Ryder Cup, la XXXVII, ganada por los estadounidenses ejercerá como punto de inflexión para las próximas.



La frustración de tantas ediciones perdidas se había enquistado en el corazón de los aficionados estadounidenses, en donde el golf goza de grandes espacios. En Valhalla (Kentucky) el conjunto de los Estados Unidos, sin Tiger Woods lesionado, inflige por fin un buen correctivo a los europeos, que llegaron como favoritos, no lograron marchar por delante en el marcador en ninguna de las tres jornadas y hacen las maletas escarmentados, tristes y sin el trofeo.

Desde 1999 en Brookline, Estados Unidos no ganaba la Ryder Cup, después de las tres últimas derrotas consecutivas en Belfry 2002, Oakland Hills 2004 y Dublín 2006. El capitán Paul Azinger le ganó la partida a su homólogo europeo, el inglés Nick Faldo.

Europa afrontó la jornada dominical de los individuales con una desventaja, abordable, de dos puntos (7 a 9), lo que no ocurría desde la Ryder Cup de 1995. Sin embargo, en el cuerpo a cuerpo, los hombres de Faldo fueron perdiendo punto a punto hasta dejar el camino abierto a su rival.

Miguel Angel Jiménez tuvo la desgracia de ver cómo su adversario, Jim Furyk, le ganaba en el hoyo 17 y el equipo estadounidense anotaba el punto 14,5, suficiente para asegurarse la victoria.

Jiménez perdió y también lo hizo muy temprano Sergio García, el primero de los europeos en ceder. El castellonense cayó con estrépito frente al joven Anthony Kim, por 5 y 4 (cinco hoyos de ventaja y cuatro por disputarse).

Los golfistas españoles regresan con el recuerdo de ser tristes protagonistas de lo ocurrido. Sergio García abrió con derrota y Jiménez cerró la historia de una Ryder Cup equilibrada y emocionante hasta el último golpe.
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