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Mágica lección

  • Fernando Alonso gana su segundo GP consecutivo esta temporada tras una carrera redonda. El asturiano ha logrado que el R28 pase de carro de polos a F-1. Hamilton y Massa, desastrosos
A. H. - La Crónica A. H. - La Crónica


A las faldas del Monte Fuji, Fernando Alonso siguió forjando su leyenda. El mágico asturiano dio una lección de pilotaje y de saber adaptarse a todas las circunstancias de carrera para llevarse su segundo Gran Premio de la temporada, encima consecutivo, cuando en las primeras carreras del año el objetivo era meterse más o menos habitualmente entre los ocho primeros. ¡Quién lo iba a decir!

Alonso no recibió en esta ocasión la ayuda de un safety car, sino que supo readaptar su estrategia a la masa ingente de pilotos mediocres subidos en monoplazas mejores que el suyo para aprovechar los fallos y llevar al R28 a lo más alto del podio. Briatore siempre le dice aquello de "¡Fantástico, Fernando!" cuando gana, pero no, no es fantástico. Es sublime, divino, mágico. Es Fernando Alonso.

El asturiano comenzó a ver la luz tras la primera curva de la carrera. Saliendo desde la cuarta plaza, vio en primer plano cómo Hamilton y Kovalainen, los dos McLaren, se iban largos en la primera curva del trazado, como se temía un embudo. Los monoplazas ingleses se llevaron consigo a los Ferrari, y casi al propio Alonso, que tuvo que corregir la trazada para no irse al verde, y su excursión dejó a Kubica en cabeza y al asturiano segundo. El panorama cambiaba por completo, campo abierto para los dos mayores talentos de la F-1 actual.

Con Kubica tirando todo lo que podía, lastrado por el conservadurismo de BMW, siempre con más ala de la debida, y Alonso marcándole de cerca, Massa y Hamilton se tocaban por detrás arruinando sus carreras y quién sabe, ojalá, el Mundial. La primera parada iba a ser clave y Alonso supo estirar algo más el primer stint para superar al polaco en los boxes. Pero en seguida saltó la alarma: "Kubica va cinco vueltas más largo que tú. Tienes que tirar como el demonio", le dijeron al asturiano. Y todos nos pusimos en lo peor.

Pero fueron apenas unos segundos. Alonso pegó el botín derecho a la tabla y se fue escapando de Kubica como un reloj, rodando en 1.19 bajo durante casi todo el stint, y haciendo sideral la distancia sobre su máximo adversario. Cuando salió por delante en el segundo repostaje, sólo quedaba rezar para que el Renault aguantara. Y lo hizo, permitiendo a Alonso sumar su vigésimo primera victoria en la Fórmula 1. ¿Cuántas han sido con el mejor coche? Fernando es pura magia.

HAMILTON SUCUMBE ANTE LA PRESIÓN.

El gran perdedor de la jornada fue Lewis Hamilton. El inglés, desde que era un niño sobreprotegido por Ron Dennis, ya demostró la temporada pasada que no es capaz de lidiar con la presión. Igual que en Singapur, hace quince días, sorprendió a todos al presuntamente haber sacado la calculadora, en las faldas del Monte Fuji hizo que las críticas sobre su pilotaje pasaran de susurros a gritos: que un piloto que tiene el Mundial a tiro de piedra haga una mala salida es normal, pero que estando pegado al alerón trasero de su máximo rival hasta ahora, Massa, se la juegue a adelantarle cuando quedaban 66 vueltas por delante es de suicida. En 2007 ya mostró su capacidad de quemarse a lo bonzo cuando las cosas se ponen calientes. En este 2008, de momento, ya tiene quemaduras de primer y segundo grado en el veinticinco por ciento de su cuerpo.

Esa capacidad autodestructiva de Hamilton, además, permite que Kubica, con un monoplaza a años luz de los Ferrari y de los McLaren, como el Renault, entre de lleno en la lucha por el título. El polaco, un misil que ha dejado a Heidfeld a la altura del betún durante toda la temporada, no ha dicho su última palabra: si el inglés y Massa siguen empeñados en tirar a la basura el título y BMW le da el empujoncito que necesita, que en Woking y en Maranello se vayan atando los machos...
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