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El primer Dakar latinoamericano corona a dos veteranos del rally

EFE EFE

El primer Dakar que se celebra en suelo latinoamericano coronó al español Marc Coma, en motos, y al sudafricano Giniel De Villiers, en coches, dos buenos conocedores de la carrera más dura del mundo con siete participaciones cada uno.

Además, ambos triunfos tienen particularidades que los convierten en hitos históricos para el mundo del motor.

El triunfo de Coma convierte al piloto de KTM en el primer motociclista español que consigue ganar dos veces el Dakar, mientras que el del surafricano supone la primera victoria para Volkswagen como equipo oficial en el rally.

La marca alemana logra, además, conquistar una corona del rally con un coche propulsado por combustible diesel, el que utiliza el Volkswagen Touareg de De Villiers y de Mark Miller, segundo en la general.

Pese a estos detalles que con el paso de los años van a parar a las hemerotecas, el Dakar Argentina-Chile 2009 será recordado por el año en que Marc Coma se paseó a su antojo por los hermosos parajes de estos dos países.

El catalán dio una clase magistral de principio a fin del rally, adecuando constantemente su pilotaje a las exigencias del terreno y de la carrera.

Marchó como un tiro durante las primeras jornadas para abrir un boquete en la general respecto a sus perseguidores y después trató de mantenerse día a día sin arriesgarse en demasía pero sin levantar la mano del acelerador, siempre bien escudado por sus amigos y compañeros Jordi Viladoms y Gerard Farrés.

La fortuna también acudió al auxilio del piloto las pocas veces que éste la requirió, tomando la forma de un litro de aceite que un espectador anónimo facilitó a Coma tras romper el radiador de aceite y sin el cual no habría podido continuar.

La superioridad de Coma hizo evidente la ausencia de un rival firme que pudiera hacerle sombra. Sólo el francés Cyril Despres, ganador en 2007, mostró buenas maneras en la segunda mitad del raid, cuando la mala suerte ya lo había alejado de la posibilidad de revalidar su corona.

El chileno 'Chaleco' López también estaba en la cartera de favoritos, aunque una nefasta primera etapa y posteriores problemas que concluyeron con su abandono en la penúltima etapa, relegaron el papel de 'Chaleco' al de un simple observador del Dakar.

A diferencia de lo sucedido en 2007, la lógica se impuso este año en el Dakar, que encumbró a un piloto tímido y reservado, extremadamente cauto, pero que en este momento domina con mano de hierro la aventura del Dakar.

Otra historia totalmente distinta fue la competencia de coches, que derivó hacia un ir y venir, una agitada carrera que cambió varias veces de líder y que acabó con los máximos aspirantes al título en la cuneta y con un piloto sudafricano y regular cosechando su primera victoria en un Dakar.

Fue el Dakar del descalabro de Mitsubishi, que tras dominar la categoría durante los últimos siete años vio como Hiroshi Masuoka, Luc Alphand y Stéphane Peterhansel pagaban la novatada de la marca japonesa, que pocos meses antes lanzaba su nuevo automóvil diesel.

Sólo 'Nani' Roma sostuvo el honor de Mitsubishi y logró finalizar la carrera a trancas y barrancas, aunque muy alejado de las posiciones de podio.

Ante este panorama, el español Carlos Sainz y el qatarí Nasser Al Attiyah ofrecieron un entretenido inicio de rally, una pugna que se antojaba larga y dura pero que repentinamente se fue al traste en la sexta etapa, después de que el piloto de BMW se saltara varios puntos de paso obligatorios y tuviera que abandonar.

Se allanaba el camino para Sainz, al que sólo sus compañeros de equipo De Villiers y Miller conseguían seguir en la distancia, y parecía la ocasión perfecta para que el madrileño consiguiera su primera corona del rally.

Pero una vez más el infortunio le jugó una mala pasada a Sainz, que en la duodécima etapa, cuando era líder a casi media hora del segundo, se precipitó sobre el cauce de un río seco y tuvo que abandonar, después de que Michel Périn, su copiloto, se fracturara el omoplato en la caída.

Este inesperado vuelco situó a Giniel De Villiers, que siempre estuvo en la recámara observando los acontecimientos, a las puertas de conseguir su primer Dakar en su séptima participación, con un segundo puesto en 2006 como mejor tarjeta de presentación.

No falló el sudafricano y hoy celebró, aún sin creérselo del todo, su victoria. Recordaba De Villiers que el Dakar no entiende de favoritos, y que es una carrera loca que sólo se gana cuando se llega al final. Y este año le ha tocado a él.

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