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Etapa para Farrar y Valverde sigue líder

  • La vuelta vuelve el viernes en una etapa entre entre Almería y Alto de Velifeque
La vuelta vuelve el viernes en una etapa entre entre Almería y Alto de Velifeque
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El estadounidense Tyler Farrar, del equipo Garmin, ganó la undécima etapa de la Vuelta a España, que unió Murcia con la localidad de Caravaca de Cruz, de 200 kilómetros, con un tiempo de 5 horas, 11 minutos y 9 segundos a una velocidad media de 38,6 kilómetros por hora.

El estadounidense Tyler Farrar ya sabe lo que es ganar en una gran Vuelta gracias a una enorme demostración al sprint que le llevó a la victoria en la undécima etapa, disputada entre Murcia y Caravaca de la Cruz, de 200 kilómetros, jornada que no alteró la general, con Alejandro Valverde en la "pole" a las puertas de las tres etapas andaluzas con final en alto.

Farrar, de 25 años, apuntó su nombre en la pequeña historia de la Vuelta después de dos segundos puestos en el Tour y Giro. Disparó los brazos al cielo tras aguantar en cabeza en un sprint alocado y sin control, por delante del clasicómano belga Philippe Gilbert (Silence) y del italiano Marco Marcato (Vacansoleil). Entró en la pelea Iñaki Isasi (Euskaltel), cuarto, mientras que Oscar Freire se volvió a ver fuera de sitio y entró noveno.

El americano, profesional desde 2006, se mostró satisfecho de romper la hegemonía del Columbia, que no colocó en esta ocasión a Greipel, machacado en el último puerto por el ritmo del Liquigas. Luchó él solito para apuntarse la octava victoria de la temporada. "Objetivo de la temporada cubierto", dijo con alivio.

El pelotón entró roto, pero lo favoritos entraron en el lote principal con el mismo tiempo de Farrar, es decir, 5h.11.10, cumpliendo una media de 38,6 kilómetros por hora. Alejandro Valverde llegará a la segunda jornada de descanso vestido de oro y centrado en las decisivas tres etapas de montaña que se avecinan en Andalucía, con finales en Sierra Nevada, Velefique y La Pandera. El murciano recordó que hace 4 años, y con la camiseta del Kelme, llegó a Caravaca magullado por una caída nada más salir de Alicante. El pelotón le esperó a aquel joven Valverde, menos un tal Zabriskie, también estadounidense, como Farrar, que iba escapado y se disparó a meta muy agusto.

Llega la hora de la verdad de la Vuelta. Aunque también se comentó algo similar ante las jornadas de Aitana y Xorret de Catí, y allí no hubo más sangre que la de algunas caídas. "¿La montaña?, dijo Valverde, pues está bien si se va despacio y mal si se va deprisa". Elemental, querido Alejandro.

El líder del Caisse D'Epargne gestionará la oportunidad de su vida para ganar una grande con 7 segundos de renta sobre Cadel Evans y 36 respecto a Robert Gesink, que ahora le escoltan en el podio. Ivan Basso y Samuel Sánchez, al quite, en torno al minuto.

En la jornada que marcó el paso del ecuador de la Vuelta, no faltó la escapada de rigor. Se formó en el ascenso del Collado Bermejo, un puerto de primera que inspiró en sus primeras rampas a un grupo de 7 corredores, de los que sobrevivieron tres pasada la cima: Amets Txurruka (Euskaltel), el premio al supercombativo del Tour 2007, el francés David Moncoutié (Cofidis), "perro" viejo del pelotón y último rey de la montaña de la Vuelta, y Johnny Hoogerland, un holandés con contrato fijo para participar de las aventuras.

Mal día para buscar rebajas en el cálido asfalto murciano. Los esprinters van a pasar las de Caín en las inminentes tres etapas de montaña en Andalucía y no podían dejar escapar la opción de ganarse el jubileo en una de las cinco ciudades santas del mundo cristiano: Caravaca de la Cruz.

Así que las maniobras de aproximación a los valientes comenzaron en el Alto de Campo de San Juan (2a), cuando el Liquigas atizó el ritmo al ver que el alemán Greipel tenía problemas para respirar. No iba fino, así que a por él.

Las diferencias fueron cayendo en catarata, como cayeron los tres de vanguardia a 43 kilómetros de meta. Turno para el Caisse D'Epargne, que desgastó a sus hombres en el tramo llano para que no se largara muy lejos el francés Remy Di Gregorio, que aún trató de sorprender.

El Columbia no apareció para organizar la fiesta de Greipel, que aún ganó puestos para buscarse la vida en solitario, al estilo Freire, pero el alemán, sin su tren amarillo no es nadie, prefiere que le lleven en carroza hasta 200 metros de la meta, que es cuando no perdona.

El sprint se volvió loco, a 60 por hora. Se descontroló con un arranque de Fabian Cancellara bajo el banderín de último kilómetros. El suizo rompió los esquemas, como hace en contrarreloj, pero como tampoco es supermán se quedó sin fuerzas. Tomó el relevo desde lejos Tyler Farrar, con mucho asfalto hasta la línea. Parecía que se iba a quedar en el intento, pero aguantó. Merecía la pena un último esfuerzo para estrenarse en la Vuelta.

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