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'Yo no soy Cristiano, yo soy como los demás'

  • En realidad, no me puedo quejar de nada".
En realidad, no me puedo quejar de nada".

Llega a la entrevista con su sonrisa de siempre y el cansancio de un entrenamiento temprano. Se deja caer en la silla, pide una fanta de naranja y espera la ristra de preguntas, consciente de que no todas van a versar de baloncesto

Llega a la entrevista con su sonrisa de siempre y el cansancio de un entrenamiento temprano. Se deja caer en la silla, pide una fanta de naranja y espera la ristra de preguntas, consciente de que no todas van a versar de baloncesto. Pero eso no es un problema para Carlos Suárez (Aranjuez, 1986), el jugador del Real Madrid, que cuenta con un arma en sus respuestas: cierto sentido común.

En lo alto de sus 2,03 metros, cuenta con un ático bien amueblado que reconoce echar de menos una vida más normal pero que ser un deportista de élite no significa ser un marciano ajeno a la situación que vive el país. "En realidad, no me puedo quejar de nada".

 Pregunta.- ¿Qué hay en los 50 kilómetros entre Aranjuez y Madrid?

 Seseña, Valdemoro, Pinto... Hay de todo porque el trayecto se hace bastante corto. Pero lo mío no fue una vida en la carretera, iba en tren, cinco días a la semana, que para un chaval de 12 años es algo atípico. Un poco aventura...

  P.- ¿A quién le gustaba más el baloncesto, a su padre o a usted?

 A mi padre. Él fue el que me inculcó este deporte. Yo me dedicaba al fútbol pero mi forma física no era la idónea para un futbolista y al final me decanté por el baloncesto.

 P.- ¿Qué tiene el césped que tira tanto?

 No lo sé. Es el deporte rey y es mucho más fácil jugar al fútbol, porque con dos piedras haces una portería, que al baloncesto para el que necesitas una canasta.

 P.- Al principio dudaron y le dieron la última ficha en el 'Estu'... ¿condiciones indispensales para ser una leyenda?

 Para un deportista tienes que tener un punto de suerte. También tienes que valer pero tienes que tener suerte y en eso creo que yo no me puedo quejar.

 P.- Ha dicho: 'Yo no soy Cristiano, yo soy como los demás'. ¿Es que él es único?

 Es una estrella mundial. Él y Messi acaparan todas las fotos, todos los medios y comparar a un jugador de fútbol con uno de baloncesto es inviable.

 P.- También dijo 'no' a jugar junto a Navarro, ¿eso sí que es ser un demente?

 No... [sonríe] Siempre había sido simpatizante del Madrid. Le debo mucho a Estudiantes, soy un poco demente y ahora mismo es mi segundo equipo pero decidí decir 'no' al Barcelona porque el Real Madrid es el equipo más laureado de Europa y jugar en el Madrid siempre ha sido un sueño para cualquier jugador.

 P.- ¿Uno deja alguna vez de ser demente?

 Creo que no. Los que empiezan a ser dementes siempre tienen un poquitín de demente...

 P.- Pitó a Herreros en el campo del 'Estu' y ahora es su jefe...

 Sí, se lo dije cuando me fichó... pero también le dije que eso le motivó y nos metió 38 puntos... Son cosas que pasan, yo ahora tengo compañeros que me pitaron cuando jugué el primer partido con Estudiantes y no les tengo que reprochar nada. Es algo que se queda en la cancha.

 Es inevitable hablar de Estudiantes. Carlos Suárez se unió a esa lista de hijos de la cantera demente que acaban en la trinchera blanca, pero la afición sigue teniéndole cariño. "Es una afición diferente, nada ventajista, que va al campo a disfrutar, también les interesa ganar como a todos, pero no es una prioridad para ellos", reconoce en un intercambio de halagos inevitable.

 P.- Mucho estudiantes, estudiantes, pero ¿y la universidad?

 ¡Uf!! Es una cosa que siempre digo pero nunca hago, por vaguería. Me hubiera gustado hacer INEF o algo así; tener una vida más normal, pero con tanto entrenamiento... Tiene sus cosas buenas y sus cosas malas. Yo envidio algunas cosas que mis amigos viven, como irse un año de Erasmus y conocer un país, tener más tiempo libre. Pero no me puedo quejar. Soy muy feliz.

 Ésta es una de las frases que más repite. "No me puedo quejar". Un buen lema para quien sigue viajando en autobús o tren, "porque todavía no tengo carné", algo muy galáctico si se mira el aparcamiento del pabellón donde entrenan. Pero es que Suárez parece pisar por otro camino. Si se le pregunta con quién compartiría su postre, él 'se atreve' a dudar: "Con Zapatero y le diría alguna otra cosa o con mi abuela que me lo paso muy bien con ella".

  

P.- ¿Cuándo fue la última vez que le pillaron con las manos en la masa?

 Creo que nunca, bueno mi madre a lo mejor pero no recuerdo ninguna pillada.

 P.- ¿Se consideran trabajadores normales con reivindicaciones laborales, protestas...?

 No. Sí, bueno un poco, pero tampoco nos podemos equiparar a los trabajadores normales. Somos unos privilegiados. Nos quejamos de nuestras cosas como cualquiera pero no somos trabajadores como los que están vendiendo barras de pan.

 P.- Desmiéntame el mito y dígame que además de pocha, videojuegos, mujeres y baloncesto, hablan de otra cosa en el vestuario...

 Hablamos de todo, de política, de cine, a mí me gusta mucho, de todo un poco. También nos preocupamos por la crisis aunque no se crea, al tener familia y amigos que notan la crisis alguna vez lo hablamos.

 P.- Un canario, un mallorquín, un madrileño, estadounidenses, un italiano... ¿necesitan traductores como en el Senado?

 Noooo. En la pista nos entendemos bastante bien. Algunos americanos sí lo necesitan pero los serbios aprenden muy rápido el idioma...

 P.- Acaba de aterrizar en el equipo y se ha convertido casi en su portavoz, ¿no le da miedo hablar?

 Soy muy tímido, me cuesta pero cuando la gente me conoce sabe que cuando cojo confianza soy muy extrovertido.

 P.- Una lesión de rodilla le obligó a adelgazar, ¿qué alimento está prohibido en su dieta?

 Ahora como de todo. A veces me doy un caprichito y como comida basura porque al desgartar tanto... Antes sí que tenía una dieta más equilibrada porque tenía sobrepeso pero ya estoy en mi peso.

 P.- ¿Qué le sienta mejor el azul, el blanco o el rojo?

 Pensaba que el blanco me iba a hacer más gordo pero me sienta bien, no me puedo quejar. El rojo me trae buenos recuerdos porque es la camiseta que he vestido 12 años y la de la selección.

 P.- ¿Cuál es su secreto contra la 'barçafobia'?

 Ganar un partido y creer en nosotros. Es verdad que no rendimos al mismo nivel jugando con el Barcelona y tenemos que quitarnos ese agarrotamiento porque no hay tanta diferencia.

 P.- Si tuviera que definirse como jugador...

 Trabajador. No soy un talento innato como puedan tenerlo jugadores como Rudy Fernández o Juan Carlos Navarro. Soy de los jugadores de los que lo doy todo en la cancha y a base de trabajo he conseguido todas mis metas.

 P.- ¿A qué le suena NBA?

 Me gustaría probar pero mi estilo de juego es más europeo y estoy feliz aquí en Madrid con mi familia y mis amigos...

 P.- ¿Hay vida después del baloncesto?

 Sí, creo y espero... y la gente que piense lo contrario tiene un gran problema. A los 35 años como máximo acaba el baloncesto y todavía quedan unos cuantos años para seguir.

 P.- ¿Cuál es el mejor sitio para ver un partido de baloncesto?

 En mi casa con mi padre.

 

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