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El clásico en los cines, con la intensidad del Camp Nou

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EFE EFE

No es fácil vivir un Barça-Madrid con la intensidad de quienes tienen la suerte de vivirlo en el estadio, pero irse al cine en familia o con amigos, aplicando punto por punto la liturgia del buen aficionado, para ver el gran partido del fútbol español, promete ser la mejor alternativa al Camp Nou o al Santiago Bernabéu.

No es fácil vivir un Barça-Madrid con la intensidad de quienes tienen la suerte de vivirlo en el estadio, pero irse al cine en familia o con amigos, aplicando punto por punto la liturgia del buen aficionado, para ver el gran partido del fútbol español, promete ser la mejor alternativa al Camp Nou o al Santiago Bernabéu.

En una experiencia inédita en España, 51 salas de cine de todo el país proyectaron el partido de fútbol por excelencia. La combinación entre la butaca y el balón cumplió las expectativas: probablemente ha nacido una nueva manera de ver los partidos de fútbol, especialmente aquellos que paralizan un país.

En la sala 1 de los cines Cinesa Diagonal de Barcelona, la más cercana al Camp Nou de cuantas emitieron el encuentro, la señal de televisión arrancó a las 18.30 horas, aún con la sala vacía, mientras los aficionados esperaban ansiosos. No es frecuente irse al cine con banderas ni bufandas, pero la ocasión lo valía.

"Es perfecto para venir con niños y la familia", relata David Palau, 38 años, de Sabadell, "la relación calidad-precio (8 euros para los adultos, 6 para los niños) parece estar bien y te ahorras la molestia de tener que ir a un bar con los críos".

La sala comienza a llenarse de público: sobre todo, de niños acompañados de sus padres o abuelos, pero también de parejas o grupos de amigos, picados por la curiosidad de ver un partido así en una sala de cine. "Nos ha costado mucho conseguir las entradas, pero queríamos probarlo. Creo que merece la pena", explica Víctor, treintañero de Castelldefels, que ya calienta motores junto a sus amigos de aquí a final de temporada: "también vendremos al cine ver la final de la Champions". Sobre todo, si juega el Barça.

 

Idea con futuro

Pocos minutos antes de las siete, un personaje espera en el pasillo de la sala mientras come palomitas junto a su hijo adolescente. Observa la sala con interés. Es Jaume Roures, el padre de la idea, presidente de Mediapro, la productora que ha trasladado el fútbol a los cines. "Es un público muy familiar", observa, convencido de que la idea "tendrá continuidad" en el futuro.

Antes de que en la enorme pantalla el árbitro invite a los jugadores a iniciar el partido, la liturgia del fútbol se repite en la sala de cine. Se agitan banderas y bufandas, se jalea la alineación del Barça (¡imposible encontrar madridistas en este cine!) y se abuchea la del Madrid, especialmente a Cristiano Ronaldo. Como si se estuviera en la grada del Camp Nou.

Comenzado el partido, son pocos quienes echan de menos la narración del locutor. La pantalla emite las imágenes y el sonido ambiente, sin voces. Las voces son las de los 360 aficionados que llenan la sala, sentados religiosamente en sus butacas. Como en un diálogo telepático, se repiten los cánticos que llegan desde las gradas del Camp Nou.

Y también los gritos de histeria: Cristiano Ronaldo está a punto de marcar en la primera parte. Los chillidos en la sala recuerdan a los de Janet Leigh en la famosa escena de la ducha de 'Psicosis'. Pero no es cine, es fútbol.


Poco de cine y mucho de fútbol


Algunos fallos en la recepción de la señal distorsionan y congelan la imagen durante apenas un par de segundos, suficientes para poner nervioso al espectador, que reclama la recuperación de la emisión cuanto antes. No hay que perderse ni un minuto. Hay que vivirlo como en el estadio.

Llega el descanso y la ceremonia futbolística no cesa. En el pasillo se ha instalado una mesa que ejerce de bar, pero hay quien prefiere traerse el bocadillo de casa. Hay que cumplir el ritual: camiseta del equipo, bocadillo al descanso, protesta a las decisiones arbitrales.

Y por supuesto, celebrar los goles a lo grande. Ibrahimovic recibe aplausos cuando entra al campo, apenas iniciada la segunda mitad. Y la gente explota de alegría cuando el sueco marca el único gol del partido.

Era uno de los grandes protagonistas del reparto, según los carteles anunciadores (en los que por cierto, a Pellegrini se le llama Mauricio, no Manuel), y como tal, 'Ibra' firma el momento culminante de la narración. No es cine, es fútbol, pero la sala estalla de júbilo con el gol, saboreando ya un final feliz. No hay títulos de crédito, sino el pitido final. Casi, casi, como verlo en el campo. 'The end'.

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