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Capello: el 'salvador' que ganó dos ligas

  • DC te cuenta la trayectoria de algunos de los técnicos más legendarios de la historia blanca
Carlos Carrasco- El reportaje
Carlos Carrasco- El reportaje Carlos Carrasco- El reportaje

Al final de la temporada 95-96 el Real Madrid  era un desastre, tanto a nivel institucional como deportivo. El nuevo presidente Lorenzo Sanz tenía claro desde el principio que para recuperar el prestigio perdido necesitaba trabajar en dos frentes. Primero, necesitaba renovar el equipo y para hacerlo contó con nombres de altura y en segundo lugar un técnico fuerte que los gestionara y que apostara por un modelo determinado: y el elegido fue Fabio Capello.

Pero antes de que el Real Madrid se cruzara en su camino Capello ya era un entrenador de prestigio internacional con mucho que contar. Por ejemplo, que nació en la localidad italiana de San Canzian D’isonzo el 18 de junio de 1946. Como futbolista comenzó su carrera en el SPAL a mediados de los 60. Jugaba de centrocampista  y no tardó mucho en llamar la atención de los equipos punteros pasando por la Roma la Juventus y el Milan, club en el que se retiró tras una prolífica carrera en 1978.

En la entidad rojinegra comenzó como entrenador casi una década después en la temporada 86-87  y clasificó a su equipo para jugar en Europa , pese a cogerlo en una mala situación a mitad de temporada.  Aún  así , los directivos del Milan prefieren dar el mando del equipo a un Arrigo Sacchi con el que Capello aprendió todo lo necesario para hacer campeón a una escuadra.

Cuando Sacchi lo ganó todo con el Milan en Italia y en Europa y ante la idea de que “el equipo estaba agotado” Fabio recupera el timón del club de su vida en el Calcio y prolonga su hegemonía a partir de 1991 y hasta 1996. En ese lustro ganó cuatro Scudettos y una Copa de Europa al Barcelona que le encumbraron como el mejor entrenador de Europa. Mantuvo a su equipo en una increíble racha de 58 partidos sin perder durante casi dos años.

 

Volvemos entonces  al Real Madrid. Valdano fue destituido a mitad de temporada y cualquier aficionado al fútbol sabía que Arsenio Iglesias era un ‘parche a la espera de un técnico de más fuste. Así, Sanz comenzó a mover los hilos en febrero/marzo para construir un equipo de ensueño. Fichó a Suker procedente del Sevilla  y pagó la claúsula de más de 1.200 millones de pesetas de la época para arrebatarle a Mijatovic al Valencia. Faltaba un entrenador acorde con la categoría del proyecto.

Comandante  del ‘Real Madrid de las Estrellas’

En esas, y aunque Sanz veía improbable la posibilidad de que Capello abandonara el Milan rumbo a Madrid, el entonces presidente blanco se enteró de que el preparador trasalpino se iba al Parma. Rápidamente, se reunió con Capello en una visita del equipo a Turín y Fabio se comprometió con el Real Madrid. Misión cumplida: se habia fichado al considerado mejor técnico del mundo y no se iba a escatimar en gastos para ogrecerle un equipo de ensueño.



Los mencionados Suker y Mijatovic, el campeón de Europa Seedorf, el solvente cancerbero alemán Bodo Illgner, un Roberto Carlos a punto de explotar... Un equipo titular casi al completo al servicio de Fabio donde sobrevivían hombres como Raúl, Hierro o Redondo, símbolos del madridismo. Con la denominación de ‘Real Madrid de las estrellas’ se bautizó a  aquella reunión de ‘cracks’, cuyo único objetivo era la victoria. Con un fútbol rocoso, nada espectacular, pero muy efectivo, el Madrid es una piedra difícil de desintegrar.

No enamora con su juego pero el tridente ofensivo. Suker-Mijatovic-Raúl las internadas desde la izquierda de Roberto Carlos o la solidez en la medular de Seedorf y Redondo son suficientes para dominar con ‘mano de hierro’ la Liga. Si bien, no se puede negar que el equipo fue eliminado en octavos de final de la Copa del Rey por el Barcelona y el equipo no disputaba competiciones europeas.

El campeonato liguero de la campaña 96-97 no fue suficiente para hacer más duradero el romance entre Fabio Capello  y el Real Madrid. Sus desavenencias con Lorenzo Sanz y sus ganas de regresar a Italia fueron demasiado fuertes. Aún así , siempre quedará en los aficionados al fútbol en general y a los madridistas en particular es que una porción de la séptima corresponde al míster trasalpino.

Así, tras tener una trayectoria dispar en Milan, Roma ( ‘un scudetto’) y Juventus (otros dos, pero que desaparecieron del palmarés ‘bianconero’ por un escándalo de amaño de partidos) y cuando todo parecía que no saldría del ‘calcio’, el Real Madrid vuelve a llamar a su puerta.

Una segunda etapa con más sombras que luces

Lo hizo en otro momento de zozobra casi diez años después de la primera ocasión en la temporada 2006-2007. Desde la salida de Vicente el Bosque el conjunto blanco perdió el rumbo. Queiroz, Luxemburgo, Camacho y López Caro fueron algunos de los técnicos que pasaron por el banquillo blanco sin suerte ninguna.

Sectores del madridismo añoraban su regreso y Fabio una década después regresaba a la que fue y seguía siendo su casa.  Su llegada armó revuelo y esta segunda etapa no fue nada sencilla. Apartó del equipo a su compatriota Cassano por una discusión a Beckham por problemas de su contrato y a Ronaldo por su sobrepeso. El equipo daba tumbos, no jugaba bien, pero era práctico y los resultados no fueron del todo malos. El mercado de invierno de esa temporada trae a savia nueva en forma de futbolistas como Higuaín, Marcelo o Fernando Gago.



Eliminados de la Copa y de la Champions en el mes de marzo, los madridistas se agarraron al ‘clavo ardiendo' de la Liga a pesar de ir seis puntos por detrás del Barcelona. Con casta, carácter y muchísimo coraje . Una victoria ante el Mallorca en el Santiago Bernabéu por 3-1 con dos goles de Reyes le dio el título de Liga a un Real Madrid que con fe y garra sumados al orden impuesto por Capello pudieron  ganar un intenso campeonato.  

El triunfo liguero no fue suficiente para garantizar la continuidad de Fabio. En ese momento se rompió el idilio entre el ‘rescatador y el club merengue. Los resultados no fueron malos, pero el público del Bernabéu quería algo más que pura eficacia. Deseaban buen juego y no vivir siempre instalados en la incertidumbre.   

 

 

                                             

 

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