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Laporta hace nuevos amigos en la Madre Rusia

  • "¡Visca el Barça, visca Kazan!" firmó el 'president' en un libro de visitas
"¡Visca el Barça, visca Kazan!" firmó el 'president' en un libro de visitas
I.L. I.L.

Kazan (Rusia) estaba de fiesta y no sólo porque fuera 4 de noviembre y se conmemorara el levantamiento que en 1612 expulsó a la mancomunidad polaco-lituana, no, no. Es que Laporta habí allegado a la ciudad.

Laporta, que entre tanto sentimiento nacionalista se crece, aprovechó su estancia en Rusia para codearse con miembros del gobierno ruso y, quién sabe, exponerles quizá la posibilidad de que se unan a él y su ejército de liberación de catalanes oprimidos para luchar contra las ordas represoras estatales.

El 'President' catalán, que sabe siempre bien a quién se arrima, pasó su estancia en Kazan de guateque en guateque (poco sabía él de la 'fiesta' que esperaba a los suyos sobre el helado césped ruso). Las horas previas al encuentro fueron un común reencuentro de almas gemelas. Con tanto sentimiento ya fuera nacional, nacionalista o futbolístico, no podía faltar un detalle de Joan Laporta, quien en el restaurante de cocina tártara 'DTK', donde comió el martes, dejó un mensaje de agradecimiento en el libro de visitas con un significativo final. "¡Visca el Barça, visca Kazan y visca Catalunya lliure!".

Una comida de directivas y un partido de fútbol indoor después, entre ex jugadores y directivos del Barça (participaron Laporta -que jugó casi todo el partido-, Yuste, Perrín, Bagués, Txiki, Sanllehí, Christiansen, Robert, Angoy, Albert Tomás, Serer, De Quintana, entre otros, reforzados por el embajador de España en Rusia, Juan Antonio March) con miembros del gobierno ruso y ex jugadores de su selección, la alianza ruso-catalana estaba sellada. Poco importaba la derrota en el partidillo por 3 a 1. Laporta había hecho nuevos amigos y estos sí que sabían lo que era organizar revoluciones de verdad. Era la hora de tomar notas.

Horas más tarde, tras el encuentro de verdad entre Kazan y Barcelona y con un cero a cero que complicaba sobremanera la clasificación culé en la Liga de Campeones, nadie escuchó decir a Laporta abrir la boca. Estaría preparando su propia revolución... en el banquillo 'culé'.

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