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Definición de Liga Española: el Barcelona roba, al Madrid le roban

  • El madridismo debe decir ¡basta ya!
¡Basta ya!
I.L I.L

Algunos entendidos, forofillos de medio pelo ellos, se empeñan en negar la evidencia: al Barcelona le ayudan los árbitros y al Madrid le perjudican. Eso es así. Le podemos llamar villarato, estafa deportiva, engañabobos o como cada uno quiera, pero la realidad es que con un pito de por medio, los colegiados de la Liga española son más pro-Barcelona que Juan Gaspart.

No hace falta irse muy lejos en el tiempo para comprobar que el Barcelona tiene bula arbitral. También podríamos hablar de burla, haciendo un juego de palabras con el término. Analizando  el arbitraje de Muñiz Fernández en el partido que el Barcelona jugó ante el Xerez, comparándolo con el que el Madrid sufrió en Zaragoza por medio de ese tal Undiano Mallenco que lo único que ha hecho esta temporada ha sido fastidiar a los blancos (gol de Ibrahimovic en fuer a de juego en el Campo Nuevo en la primera vuelta y penalti no pitado de Piqué a CR9) sólo podemos hablar de la noche y el día.

A Muñiz sólo le faltó enfundarse la blaugrana. No lo hizo, seguramente, por no despeinarse pero las ganas, a buen seguro, que le pedían abrazarse a Messi, Xavi y compañía en alguno de los goles. Le faltó tiempo para cargarse a dos jugadores del Xerez cuando se arrimaron a Messi. Un arbitraje de los que gusta en el Campo Nuevo. Llegará lejos este Muñiz mientras siga en esta línea pro-catalanista. Lo de Undiano en Zaragoza fue un escándalo. Permitió agresiones del Zaragoza, faltas no señaladas a los maños, protestas de Gay como si de un crío tras perder su piruleta se tratara y, pese a todo ello, el Madrid ganó. A Ronaldo le sacudieron de todos los colores. Hasta con el codo. Ni rastro de amarilla. Lo que a Messi es una patadita sin más que Muñiz transformó en roja a Ronaldo es una paliza de macarra de barrio que se salda sin falta. Ese es el nivel del arbitraje español. Después sale un portugués en Champions que pita como Dios manda, y el pueblo culé se ofende. Con la pila de años y años que llevan atracando a todo aquel que se les pone por delante, todavía se permiten el lujo de protestar. El síndrome del segundón, lógicamente, es muy difícil de desterrar.

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