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Nadal completa su leyenda

  • Logró el U.S. Open al imponerse en la final a Novak Djokovic por 6-2, 5-7, 6-4 y 6-2
Logró el U.S. Open al imponerse en la final a Novak Djokovic por 6-2, 5-7, 6-4 y 6-2
Jaime de Carlos - EP Jaime de Carlos - EP

El tenista Rafa Nadal rompió otra barrera del deporte español al completar el 'Grand Slam' del tenis, después de superar al serbio Novak Djokovic (6-2, 5-7, 6-4, 6-2) en la final de Abierto de Estados Unidos, el único gran campeonato que aún no adornaba su palmarés.

Nadal logró imponer su calidad para ganar el último título de 'Grand Slam' que le faltaba y que ya podrá poner en sus vitrinas al lado de Roland Garros (5), Wimbledon (2) y el Abierto de Australia. A sus 24 años, el balear ya ha ganado todos los trofeos importantes del tenis, incluido el oro olímpico y la Copa Davis.

Nadie le puede discutir a Djokovic su talento desbordante, la genialidad que destila su tenis, la justicia de su épica victoria sobre Roger Federer en semifinales. Todo ese bagaje de virtudes exhibió en Flushing Meadows, pero ni así le alcanzó para soñar con la victoria porque, ahora mismo, Nadal es superior a todo y a todos.

Empezó el partido como le gusta, al resto, y la primera vez que lanzó la caña pescó un 'break' que consolidó con su saque (2-0). Solo habían pasado dos juegos, pero Djokovic ya cojeaba y la grada se preguntaba si era una maniobra de distracción o si, por el contrario, realmente tenía plomos en las piernas tras su duro partido contra Federer.

La respuesta llegó pronto, lo que le costó al serbio aprovechar un error no forzado de Nadal para devolverle la rotura de servicio (2-2). Confirmado que la cojera era un camelo, el balear volvió a la carga y encadenó dos grandes golpes para recuperar el 'break' (4-2) ante la impotencia de su rival, que golpeó la raqueta con el suelo hasta quebrarla.

Repuesta la ventaja, Nadal se limitó a mejorar su saque, esa 'nueva' herramienta que se ha forjado en este US Open, para ganar cómodamente sus dos siguientes servicios y cobrar la primera ventaja de la final (6-4). Doce errores no forzados ilustraban las dudas de Djokovic.

El juego volcánico del serbio, capaz de convertir sus partidos en montañas rusas, estalló al inicio de la segunda manga. Agresivo y con su derecha a pleno rendimiento, logró un 'break' en blanco, dentro de una serie de cuatro juegos consecutivos (1-4) que ponían contra las cuerdas al español.

Refugiado en su fortaleza mental, Nadal endureció el rostro ante la  de adversidad a la espera de una recuperación que llegó en el momento justo, cuando el set parecía perdido. Maduró los puntos buscando el ángulo y los machacó con el revés, un cóctel de juego variado que se le empachó a Djokovic (4-4).

La lluvia le dio un respiro a Djokovic

Cuando parecía que Nadal podía asestar un golpe casi definitivo al partido, la lluvia apareció, otra vez para consuelo del serbio, que ya miró al cielo con una sonrisa cuando se trasladó la final del domingo al lunes. Los cien minutos de parón sirvieron al serbio para recuperar la agresividad. Salió a la pista muy conectado, rompió el saque de su contendiente e igualó la final (7-5).

En el tercer set, Djokovic realizó un ejercicio de resistencia encomiable pero estéril. Nadal se elevó hasta su mejor tenis para enlazar un 'break' y un juego en blanco (3-1). El set estaba encarrilado, pero el mallorquín no remataba pese a los muchos resquicios que encontraba en el saque de su rival (1/11 en bolas de rotura para Nadal en el tercer set).

El serbio parecía cansado y enfadado, pero en su amplio repertorio de gestos siempre intenta colar el engaño, dejar que el rival se confíe. Más camelos. Salvó cinco bolas de 'break' con el 4-2 y devolvió la presión a Nadal cuando le tocó cerrar el set con 5-4. Al más puro estilo Federer, el español, que nunca se tragó el teatro, empalmó tres saques excelentes y se anotó el tercer parcial (6-4).

El cuarto set fue casi de trámite porque el rostro Djokovic, por una vez decía la verdad: se sentía derrotado. Jugó a la desesperada y alguno tiros entraron, pero Nadal se las apañó para devolver casi todas y agotar la resistencia casi inagotable de su rival. Tras tres horas y 43 minutos de juego, el mallorquín ganó la final y dejó que su triunfo se bañara en lágrimas.

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