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La historia es increíble.

  • Lo que sucedió hace 22 años fue un milagro divino.
Lo que sucedió hace 22 años fue un milagro divino.
Sergio Gómez Sergio Gómez

Emmanuel Adebayor (26-02-84, Lomé, Togo) lo suele recordar con una sonrisa, pero para su madre, Alice Emiola, lo que sucedió hace 22 años fue un milagro divino... y futbolístico. La historia es increíble.

 

 

Emmanuel Adebayor (26-02-84, Lomé, Togo) lo suele recordar con una sonrisa, pero para su madre, Alice Emiola, lo que sucedió hace 22 años fue un milagro divino... y futbolístico. La historia es increíble.

 El nuevo jugador madridista tenía por entonces cuatro años y no podía caminar. Alice recorrió Nigeria, Lagos, Ghana, todo el África que pudo en busca de una solución al problema de su pequeño. Pero los meses pasaban y Emmanuel seguía sin andar.

Un día acudió a una iglesia, donde le prometieron que rezarían durante una semana por él. Si en ese tiempo no se curaba, ya no podría caminar más. Las oraciones comenzaron un domingo a medianoche, pero llegó el siguiente sábado y el niño seguía en su silla de ruedas. "Ese día mi madre rompió a llorar, para ella todo había terminado", rememora el futbolista. Sorpresa.

Pero al séptimo día sobrevino el milagro. Eran las 09:30h. La familia Adebayor estaba dentro de la iglesia, orando. El silencio lo rompían los gritos de unos niños que jugaban al fútbol fuera. De repente, uno de esos chavales chutó y la pelota entró en la iglesia. Nadie se levantó a recogerla. Nadie... excepto el pequeño Emmanuel, que fue corriendo hacia ella. Alice se volvió atemorizada. "Estaba aterrada porque nunca me había visto caminar", asegura el nuevo delantero blanco. "Se levantó y comenzó a llorar. Quería coger el balón. Al final corrió y la agarró fuerte", recuerda Alice.

Todos los presentes comenzaron a abrazar y besar al niño y a la madre. "Tu hijo está caminando gracias al fútbol. Eso debe ser porque tiene el fútbol en sus venas", le decían. Algo que la propia Alice sintió: "Entonces supe que estaba predestinado a ser futbolista".

Así acabaron cuatro años de calvario, pero la señora Adebayor quiso que su hijo tuviera siempre presente ese sorprendente capítulo de su vida y se lo contaba repetidas veces. Tal vez por eso nació en él un profundo sentimiento religioso: "Todo lo que hago lo pongo en manos de Dios, mi creador", asegura.

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