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La siesta de Ronaldinho

  • La concentración fue un cachondeo, Gudjohnsen llegó tarde
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Las concentraciones que plantea Rijkaard para intentar unir a la plantilla son un desastre. Ayer la los jugadores se concentraron en El Montanyá para intentar hacer grupo pero, las cosas empezaron a complicarse desde el principio.

La excursión salió tarde del Camp Nou porque había que esperar a Gudjohonsen. La versión oficial del club era que había atasco y por eso el retraso. La primera, en la frente. Hay que decir que no iban todos en el autobús, Henry, Márquez, Oleguer e Iniesta se quedaron en Barcelona ejercitándose y Xavi, Pujol, Deco y Zambrotta llegaron más tarde porque tuvieron que acudir a vacunarse de la famosa garrapata.

Pero el día no iba a terminar ahí. A la llegada a las instalaciones, Rijkaard había planteado un entrenamiento con lo poco que le quedaba de plantilla, excepto Ronaldinho. El brasileño se acomodó en una caseta próxima al campo al margen de todo y de todos. Otra vez la versión oficial del club: estaba recibiendo tratamiento.


Espectáculo

Al rato, Ronaldinho prosiguió su particular espectáculo y salió de la caseta rumbo al autobús. Una escena de chiste, enfundado en su ropa oscura, con las gafas negras y gorro a lo Bob Marley y una sonrisa de oreja a oreja, de fondo, sus compañeros se ejercitaban y se tragaban algún sapo que otro.




Su estancia en el autobús duró unos 90 minutos. Aquí no hubo versión oficial. El brasileño subió y cerró las cortinillas. El colmo de la desidia que reina en el club catalán llegó cuando los empleados de seguridad subían y bajaban las escalerillas del vehículo para que Ronaldinho firmase camisetas a los aficionados que había fuera.

Cuando terminó el entrenamiento el 10 del Barça salió de su particular retiro espiritual y se reunió con sus compañeros para acudir a la barbacoa que había preparado el club. No se le pudo ver entre chorizo y morcilla pero seguro que tras la siesta le había entrado hambre.

Queda claro que el Barcelona y su directiva han perdido el control sobre una plantilla rota. Con Ronaldinho y Deco en el punto de mira y con los canteranos intentando tirar del carro. La afición azulgrana espera con ansia el verano y la limpia que prometen que habrá, por desgracia, sólo en el vestuario.
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