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La modestia se perdió en La Masía

Exceso de elogios para la cantera
I.L I.L

Sergio Busquets ha dado el salto de manera imprevista esta campaña. El mediocentro azulgrana se ganó rápidamente la confianza de Pep Guardiola, que lo conocía muy bien de sus años como técnico de La Masía. El ahora máximo responsable del vestuario culé, es el mejor valuarte que pueden encontrarse todos los canteranos que asoman con brillantez en la cantera, ya que parecen destinados a, por lo menos, tener su oportunidad.

Sin embargo, desde que Busquets se ganara ese respeto, una dinámica optimista inunda al barcelonismo respecto a su cantera. Pedrito y Abraham ya han debutado con el primer equipo esta campaña pero los resultados, buenos hasta la fecha, han elevado la moral global y ya aparecen nombres por doquier como siguientes en ocupar plaza en el primer equipo. Víctor Vázquez, Xavi Torres, Verdés, Córcoles…y todos los que ellos quieran, porque parece que cuando las cosas van por buen camino hasta la cantera saca brillantes sin cesar.

Sin embargo, no es oro todo lo que reluce. Escuchar que hasta siete chicos pueden integrar los planes del primer equipo en cualquier momento suena a pantomima, a un exceso de elogios. Esa corriente que incluso fomenta el señor Laporta, capaz de asegurar que tienen la mejor cantera de Europa, no respeta la primera regla para todo juvenil: la humildad.

Parece ignorar que en jóvenes de cabeza no amueblada, una euforia desmedida sobre su futuro jamás traerá buenas consecuencias. Dioses de 18 años nunca existieron y, si los hubo, no salieron del H’ospitalet ni Granollers precisamente. Un ego elevado para una generación que va camino de un ‘duro’ correctivo si Pep no les pone sobre la tierra, esa que nos juzga a todos por igual.

La prensa (culpable de todos esos nombres que enloquecen a los hinchas culés), capaz de todo por tener un primer titular sobre el crack en ciernes, lo exalta, lo endiosa y le pone la primera estrellita antes de salir al campo. Mal presagio. Peor enseñanza. Fatal destino.
 

Sergio Busquets ha dado el salto de manera imprevista esta campaña. El mediocentro azulgrana se ganó rápidamente la confianza de Pep Guardiola, que lo conocía muy bien de sus años como técnico de La Masía. El ahora máximo responsable del vestuario culé, es el mejor valuarte que pueden encontrarse todos los canteranos que asoman con brillantez en la cantera, ya que parecen destinados a, por lo menos, tener su oportunidad.

Sin embargo, desde que Busquets se ganara ese respeto, una dinámica optimista inunda al barcelonismo respecto a su cantera. Pedrito y Abraham ya han debutado con el primer equipo esta campaña pero los resultados, buenos hasta la fecha, han elevado la moral global y ya aparecen nombres por doquier como siguientes en ocupar plaza en el primer equipo. Víctor Vázquez, Xavi Torres, Verdés, Córcoles…y todos los que ellos quieran, porque parece que cuando las cosas van por buen camino hasta la cantera saca brillantes sin cesar.

Sin embargo, no es oro todo lo que reluce. Escuchar que hasta siete chicos pueden integrar los planes del primer equipo en cualquier momento suena a pantomima, a un exceso de elogios. Esa corriente que incluso fomenta el señor Laporta, capaz de asegurar que tienen la mejor cantera de Europa, no respeta la primera regla para todo juvenil: la humildad. Si tantas 'flores' recoge su filial, se vienen a la cabeza dos preguntas básicas. ¿Porqué no vende a Henry, Hleb, Keita y compañía? ¿Porqué no los pone sobre el campo para que lo demuestren?

Parece ignorar que en jóvenes de cabeza no amueblada, una euforia desmedida sobre su futuro jamás traerá buenas consecuencias. Dioses de 18 años nunca existieron y, si los hubo, no salieron del H’ospitalet ni Granollers precisamente. Un ego elevado para una generación que va camino de un ‘duro’ correctivo si Pep no les pone sobre la tierra, esa que nos juzga a todos por igual. La misma que alguna 'perla' más decidió volver a pisar lejos de Barcelona. Modestia, por favor.

La prensa (culpable de todos esos nombres que enloquecen a los hinchas culés), capaz de todo por tener un primer titular sobre el crack en ciernes, lo exalta, lo endiosa y le pone la primera estrellita antes de salir al campo. Mal presagio. Peor enseñanza. Fatal destino.
 

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