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La derrota culé pone en bandeja el alirón del Real Madrid

  • El Depor barrió del campo a un Barcelona que mostró una patética imagen en Riazor (0-2)
Luciano Sabatini, la crónica Luciano Sabatini, la crónica


Vergüenza. Cada uno de los culés que esperen algo de su equipo en la Liga pueden arrojar los cromos al inodoro y tirar de la cadena. El Barcelona viajó a Riazor, jugó a perder y perdió; desafío al Depor con una alineación de chiste y los de Lotina se tomaron la dulce venganza. El tropezón, enésimo en la lista de Rijkaard, que firma su peor racha en el banquillo catalán, deja el camino despejado para el alirón de los blancos, muchas gracias.

Empezando por el principio, como suele ser menester, la alineación azulgrana era un insulto para los deportivistas, y toda una declaración de intenciones. Como quizá quieran muchos, entre los que se encuentra su presidente Laporta, este Barça ya no juega la Liga española, tiró la toalla hace tiempo, y sólo espera al Bernabéu para hacer pasillo al campeón. La afrenta de Rijkaard y su once motivaría a los de Caparrós, que desde el primer minuto pondrían cerco a la portería rival.

El técnico deportivista había puesto en liza un once muy equilibrado, arropado en una defensa de cinco, pero con vocación ofensiva ya que Manuel Pablo por derecha y Luis Filipe por izquierda se encargaron de abrir el campo, para que las penetraciones de Wilhemsson y Lafita por el medio cortarán como manteca la despistada defensa culé.

Henry, desaparecido en combate, Bojan y Giovani, de la mano del francés, así y por paradójico que pudiera sonar, Gudjohnsen era el jugador más activo del frente barcelonista. Pero los movimientos del islandés no encontraban las asociaciones necesarias. Ni siquiera a Rijkaard parecía inquietarle el dominio del Depor, reviviendo esa triste estampa de hombre florero en el banquillo.

Lafita de tiro cruzado avisaba a Pinto, que se estrenaba en la portería azulgrana. Acto seguido, el debutante cancervero hacía bueno a Valdés con una salida a por uvas que no dio el gol a los deportivistas gracias a Xisco, al larguero y a un último toque en línea de gol con las botas torcidas de Juan Rodríguez.

Las ocasiones deportivistas y una última salida loca, esta vez de Auoate, dejando K.O. a Giovani en el punto de penalti retratarían el último de los esperpentos en la primera parte. El joven mexicano quedaba tumbado en el punto de penalti noqueado, y ni los rivales, ni su propio equipo, y lo que es aún peor, el colegiado Delgado Ferreiro pararon el partido, que ni corto ni perezoso terminaba la primera parte con despreocupación, mientras el bueno de Giovani tenía que salir en camilla cuando el campo ya estaba desierto, la imagen de una guerra que a los puntos había perdido con claridad el Barcelona.

Goles y vergüenza azulgrana



La reanudación no le sentaría nada bien a los culés, de hecho una patada en ese sagrado sitio de donde toman nombre hubiera sido mejor. Si los despistes de los primeros cuarenta y cinco minutos fueron clamorosos, en la segunda mitad serían de juzgado de guardia. La lista de fallos en defensa de los azulgranas merece una colección de fascículos por entregas. Pablo Amo dio el anticipo del gol que minutos más tarde marcaría cabeceando un balón picado fuera.

Ocasión preludio de una gran jugada blanquiazul que mareando a los de Rijkaard como si de un rondo burlón se tratara finalizaba Juan Rodriguéz con un pase de frente a la red para abrir el marcador; Pinto, espectador de excepción. El Barça no era más que la sombra de un equipo ramplón y sin criterio. Rijkaard quiso imprimir carácter introduciendo a Deco que lo único que aportó fueron patadas sin ton ni son.

Era la hora de dar la puntilla a Rijkaard, que continuaba impasible en el banquillo. Parece mentira como éste es el segundo entrenador que más partidos ha dirigido al Barça, con ese carácter lánguido y oscuro que demuestra cuando las cosas se ponen difíciles. Ahí estaba Pablo Amo, una vez más, para aprovechar las bondades de la zaga azulgrana que le dejaba libre de marca, y el central agradecido hacía de cabeza el segundo para su equipo.



El gesto de Rijkaard para la reacción fue tan sórdido como absurdo: Ezquerro al campo, menudo marrón. Pero daba igual, el vasco no la iba a oler, porque hasta el final del partido la pelota seguiría siendo deportivista. Cierto es que el Barça pondría lo suyo, las patadas y las tarjetas, en representación de la impotencia de un equipo al que la Liga se le ha hecho demasiado larga, demasiado compleja y está sólo para rezar suerte en envites a uno o dos partidos, o sea, la Champions.

Si con la derrota de esta jornada del Manchester ante el Chelsea alguien se frotaba las manos en can Barça, ahora debería al menos lavárselas, porque su equipo despide un tufo a descomposición preocupante. Resultado malo, e imagen peor. El Real Madrid, mientras, a lo suyo, ahora tiene el camino despejado para cantar el alirón, con permiso del Villarreal, y luego a esperar que su eterno rival le haga pasillo y le reconozca los méritos del campeón, con sábanas, qué bueno, sin sábanas, da igual.




La ficha del partido:

1- Deportivo: Aouate; Manuel Pablo, Lopo, Pablo Amo, Coloccini, Filipe Luis, Wilhelmsson (Cristian 82"), Juan Rodríguez, De Guzmán, Lafita (Verdu 85") y Xisco (Riki 72").

0- Barcelona: Pinto; Zambrotta (Edmilson 69"), Puyol, Thuram, Sylvinho, Márquez, Touré (Deco 56"), Gudjohnsen, Giovani (Ezquerro 76"), Bojan y Henry.

Goles:

1-0 (54"): Juan Rodríguez culmina con un toque en área pequeña una gran jugada de colectiva con un centro raso de Lafita desde la derecha.

2-0 (76"): Pablo Amo cabecea solo al fondo de las mallas un servicio de Lafita de falta.

Árbitro: Delgado Ferreiro (Colegio vasco), amonestó a Sylvinho (62"), Lafita (81"), Márquez (84"), Edmilson (86"), Deco (88"), Diogo (85").

Incidencias: 33.000 espectadores llenaron el estadio de Riazor. 20º de temperatura al comienzo del encuentro. Antes del partido, los jugadores del Depor mostraron camisetas en apoyo de su compañero Antonio Tomás, y los del Barça otras en apoyo a la lucha contra la fibrosis quística.
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