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La RFEF y los árbitros, culés

  • Los favores desde el estamento arbitral mantienen al Barcelona en una nube de gloria irreal.
Los favores desde el estamento arbitral mantienen al Barcelona en una nube de gloria irreal.
I.L I.L

El penalti a Trejo que se tragó Muñiz Fernández sólo horas después de que Alves fuera indultado, suficiente ejemplo de la dinámica favorable que los estamentos ofrecen sin tapujos al Barcelona. Venden un juego glamoroso pero sin ayudas la historia sería bien distinta.

El Barcelona camina radiante desde el liderato de la Liga, ése que le da honor y prestigio por toda Europa y el que presupone como muestra evidente de su estilo de juego. Esa armonía y filosofía sinfónica que emanan desde el Camp Nou le ha servido para enamorar a más de un indeciso y hasta han logrado colocarle como candidato a un ‘triplete’ que nadie jamás ha logrado. Sin embargo, la lógica no pierde razón y sin los favores arbitrales que vienen aprovechando, serían tan terrenales como el resto.

Es cierto que la teoría que propone Guardiola es fantasiosa, alejada del mecanismo defensivo que impera en el fútbol europeo actual y un buen ejemplo de cómo deberían sentarse las bases del futuro. Pero eso no quita, desde luego, para admitir que ese juego también se está viendo ayudado por la mano arbitral y sería una ignorancia imperdonable mirar hacia otro lado o negar la realidad que día a día nos ofrece nuestro querido (y lamentable) sistema arbitral.

Este jueves fue un auténtico bochorno. A primera hora de la tarde el Comité de Apelación retiró la tarjeta amarilla que Daniel Alves había visto ante el Racing por simular una entrada. Sin embargo, todos estaban de acuerdo en que, más allá de esa acción determinada, el brasileño debió ya salir expulsado por la terrorífica entrada que hizo a Toni Moral. Ahora, y el fútbol tiene estas cosas si le dejas actuar, Alves estará ante el Sporting y Toni anda cabizbajo, dolorido con un esguince y posiblemente sin opciones de jugar ante el Real Madrid en el Bernabeu. Lamentable.

Pero no contentos con ello, resulta que por la noche, cuando el Barcelona había sido bastante mejor que el Mallorca en la Ida de la copa del Rey, y cuando todo parecía encarrilado, la actuación arbitral vuelve a ser clave. Un trato a favor, discriminatorio para todos excepto para los culés, que condenó las opciones de los bermellones. Claro que el Barcelona fue superior y el cuadro de Manzano apenas intimidó, pero ¿Porqué se le niega un clarísimo penalti que puede dar ‘vida’ a la eliminatoria?...Quizás porque hay que establecer un canon que beneficie a los azulgranas. Así de claro.

Tan clara fue la acción contra el argentino Trejo, que el propio delantero mallorquinista dijo que tuvo miedo de quejarse tras ser derribado porque temía que el colegiado le expulsara (ya tenía amarilla previa). Incluso Márquez, el infractor, reconoció que derribó a su rival. Un mal endémico que se ha incrustado en el fútbol español y que, sin entrar en debates de estilos de juego y méritos acumulados, evita que el Barcelona sufra contratiempos. La complacencia arbitral es inquebrantable.

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