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La gran 'pataleta' culé

  • La dolorosa derrota en el derbi refleja el pésimo profesionalismo de la plantilla
La dolorosa derrota en el derbi refleja el pésimo profesionalismo de la plantilla
I.L I.L

Tardes y tardes de favores arbitrales, puntos obtenidos en base a decisiones comprometidas y una línea tranquila que les encaminaba hacia un título que muchos sintieron tocar. Ahora, tras el primer partido donde recibieron un arbitraje ecuánime, la 'pataleta' culé sale a flote buscando presionar (aún más) a aquellos que le han dado a base de errores el liderato que sigue luciendo....por ahora.

Primer arbitraje 'medio' digno

La jornada en la que el Espanyol volvió a ‘liarla’ en el Camp Nou pasará a la historia de la Liga como aquella en la que De la Peña se vengó de la poca confianza que en su día recibió como blaugrana. Para los aficionados ajenos a todo lo que ocurrió en el césped barcelonés, la leyenda contará que aquél día el vestuario azulgrana lloró como el bebé que patalea cuando quiere conseguir algo a cambio. En este caso, reclamaba justicia, aquella que jamás se le impuso hasta entonces. Aquella que no cumple ni fuera del césped.

Y es que la derrota ha abierto una brecha en el cuadro de Pep Guardiola, que se sublevó con lo que ellos consideraron un mal arbitraje de Delgado Ferreiro. El colegiado expulsó a Keita en la primera mitad, rompiendo el plan local, sacando de quicio a los jugadores azulgranas y desmontando cualquier plan alternativo para una reacción. Visto así, podría decirse que el Barcelona sufrió su primer (y único) mal arbitraje de la campaña pero nada más lejos de la realidad.

Una expulsión, un partido negro y tres puntos perdidos, la misma situación dolorosa que sintieron antes equipos como Betis, Mallorca, Numancia o Racing. Todos ellos sufrieron penaltis no señalados, goles anulados, decisiones que rompieron el partido a favor culé o similares. Cada uno de ellos dejó motivos para llorar, para sentirse ‘robado’ por la larga mano del Villarato y para afirmar que su cruce con el Barcelona fue un acto de impotencia de aquél que merece mejor suerte y se encuentra con una barrera infranqueable vestida de amarillo y con la mano muy larga para lanzar dardos en su contra.

Lloros consentidos con la presión de fondo

Cierto es que Keita fue expulsado por una acción que merecía ser analizada, pero no lo fue la entrada de Xavi que debió valerle su adiós prematuro ni la de Touré, que se pasó toda la noche repartiendo su particular ‘justicia’ de espinilleras amoratadas. Por tanto, a pesar de tener que hacer oídos sordos a comentarios con la única consigna de ejercer presión para el futuro, en el Camp Nou deberían alegrarse de que sólo Keita (actor secundario) tomara el camino hacia vestuarios antes de tiempo.

El problema, sin embargo, va mucho más allá. El de este sábado fue uno de los arbitrajes más aceptables que ha recibido el Barcelona, que metido en una dinámica constantemente favorable, se muestra incapaz de entender que el ombligo de la Liga no está en la ciudad condal y que no siempre tendrá de lado la amiga de la Federación. Lo de Messi, que precisamente recibe día tras día favores en acciones donde el argentino no entra jamás al roce es, sencillamente deprimente. Otros, como Laporta, quieren olvidar.

Primer partido derrotado en su estadio y primeros esbozos de crisis que, traducido a la filosofía culé se transforma en lloriqueos y ‘pataletas’ consentidas.

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