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La estrella del 'villarato'

  • González Vázquez machaca siempre al Real Madrid y se muestra siempre dadivoso con el Barcelona
González Vázquez machaca siempre al Madrid y se muestra siempre dadivoso con el Barça
Eduardo Torrico Eduardo Torrico

En fútbol, cada equipo tiene su estrella, y el villarato no podía ser una excepción. La estrella del villarato se llama Bernardino González Vázquez y, como todo buen refuerzo que se precie, viene de fuera de nuestras fronteras: aunque adscrito al Comité Gallego, este nefasto árbitro nació en Francfort (Alemania) hace 43 años. Algo se le debió de quedar de la meticulosidad que caracteriza a los germanos, pues González Vázquez ejecuta a la perfección y con frialdad de cirujano las órdenes que emanan del dúo Villar-Sánchez. Sus actuaciones están cortadas todas por el mismo patrón: si pita al Real Madrid, masacra al equipo blanco; si pita al Barcelona, hace todo lo posible por ayudar al equipo azulgrana, aunque el pasado domingo sus ayudas no sirvieran de nada, ya que el Atlético de Madrid consiguió, contra viento y marea, la victoria.

González Vázquez saltó a la fama el 24 de febrero de 2005, cuando arbitró un Real Madrid-Villarreal en el Bernabéu. A pesar de la victoria local, su actuación fue tan parcial que mereció una contestación oficial por parte del club blanco. En su página web, apareció un artículo, escrito por el entonces director de Comunicación, Antonio García Ferreras (en la actualidad, director de La Sexta), titulado “Los siete pecados capitales”.

En dicho artículo, se analizaba con todo lujo de detalles el avieso arbitraje de González Vázquez para perjudicar al Real Madrid, víctima de una descarada persecución por parte de Sánchez Arminio. González Vázquez: pitó un penalti inexistente de Pavón, dejó sin sanción una mano de Sá dentro del área y expulsó injustamente a Samuel (doble amarilla) y, ya al final del choque, a Zidane (roja directa). Se da la circunstancia de que el Real Madrid estaba recortando distancias con el líder (el Barcelona) y que a partir de aquel momento toda la maquinaria del villarato se puso en contra suya para evitar la remontada.

Expulsión de Ronaldo

No contento con su fechoría, González Vázquez se la volvió a liar al Real Madrid la temporada siguiente. Fue en un Getafe-Real Madrid, que acabó con triunfo del equipo azulón. En los minutos finales, pitó una falta de Van Nistelrooy que no era. El holandés gritó al cielo por la injusticia y el árbitro germano-gallego le mostró tarjeta amarilla. En ese momento, se le acercó Ronaldo y le dijo, con ese humor que caracteriza al brasileño: “Eres un fenómeno”. González Vázquez no lo dudó y expulsó a Ronaldo. Ha sido la única expulsión de Ronaldo en toda su carrera deportiva. ¿Se imaginan contra qué rival era el partido siguiente? ¡Premio! Lo han acertado: contra el Barcelona en el Bernabéu.

Las buenas relaciones de Ramón Calderón con el villarato posibilitaron que González Vázquez no pitara al Real Madrid ni un solo partido en la temporada 2006-07. Pero Villar pensó, al inicio de la temporada 2007-08, que el Real Madrid ya tenía bastante con dos Ligas consecutivas y que hora era de premiar a su amigo y valedor Joan Laporta. En consecuencia, a González Vázquez se lo volvieron a colocar al Real Madrid. Tras un inocuo arbitraje en el Almería-Real Madrid de la novena jornada (1-1), en decimocuarta fue designado para el Real Madrid-Sevilla (3-4).

González Vázquez, por increíble que parezca, se superó a sí mismo: los dos primeros goles del Sevilla fueron ilegales (el primero, por fuera de juego de Kanouté y el segundo, por falta del susodicho Kanouté a Cannavaro), no expulsó a Squillaci por una agresión a Gago y dejó de pitar dos penaltis sobre Higuaín. El segundo, de Palop, fue tan evidente que Robben no pudo reprimir la protesta. González Vázquez lo mandó sin miramientos a la caseta e impidió que el holandés, que estaba en estado de gracia, pudiera jugar el partido siguiente. ¿Se imaginan contra qué rival era el partido siguiente? ¡Premio! Lo han acertado: contra el Barcelona en el Campo Nuevo.

Escándalo en La Romareda

Por supuesto que los árbitros son humanos (incluido González Vázquez) y que pueden cometer esos “errores humanos” en los que se escudan no pocas veces para excusar sus arbitrariedades. Pero lo que no es tan humano es que se equivoquen siempre en contra del mismo y a favor del mismo. González Vázquez pitó la pasada temporada el Zaragoza-Barcelona (1-2), junto cuando el Barcelona había emprendido la persecución del Real Madrid (lo mismo que sucedió con el partido del Villarreal, pero a la inversa).

El árbitro germano-gallego concedió el primer gol azulgrana a pesar de que Henry se llevó el balón con la mano dentro del área y señaló un penalti inexistente de Juanfrán (el balón le dio en el hombro; podría interpretarse que era mano, pero en todo caso era mano involuntaria), el cual, lanzado por Ronaldinho en minuto 83, supuso el triunfo visitante. Eduardo Bandrés, presidente del Zaragoza, estalla: “En año y medio como presidente, jamás he hablado de los árbitros. Pero lo de hoy ha sido inaudito”.

Nos plantamos ya en esta temporada. En concreto, en este último domingo. Con el Barcelona en plena crisis de resultados, el villarato manda a González Vázquez a que le eche una mano en su comprometida visita al Manzanares. El Barcelona, absolutamente impotente, pierde, pero González Vázquez realiza su trabajo a satisfacción: anula un gol legal a Heitinga (habría sido el 1-0), deja sin sanción un penalti de Márquez a Agüero (habría sido el empate a dos) y perdona la expulsión a Henry por su penalti a Sinama (ni siquiera le saca la tarjeta amarilla, aunque era el último jugador).

A pesar de sus gravísimos errores en todos estos partidos, González Vázquez jamás ha ido a parar a la nevera. Antes al contrario, le hicieron internacional como premio por el fino trabajo realizado contra el Real Madrid. Pero su inutilidad traspasa fronteras y, a instancias de la FIFA, perdió su condición de internacional el pasado mes de enero. Ahora, González Vázquez lucha por recobrar la internacionalidad. Está en el buen camino. Su arbitraje en el Manzanares lo prueba.

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