Ir a versión clásica Ir a versión móvil

Messi, el 'dios' vapuleado

  • El 10 argentino, multicriticado tras la debacle de Bolivia
El 10 argentino, multicriticado tras la debacle de Bolivia
I.L I.L

Argentina emanaba gloria, grandes esperanzas y metas fijadas con credibilidad en el Mundial 2010. La mano líder de Maradona, dios sempiterno del país albiceleste, las grandes individualidades de Tévez, Agüero y sobre todo Messi además del gran bloque formado a su alrededor, aumentaba las expectativas hasta lo más alto. La clara victoria ante Venezuela del pasado sábado (4-0), aumentó mucho más las encuestas a favor de Argentina como próxima campeona mundial pues con Messi y Maradona juntos, iconos del pasado y futuro, hermanados y unidos por l mano (no de Dios), nada parecía poder pararles.

Sin embargo, todo lo que sube baja y en fútbol, cruel o no, la pasión de los hinchas albicelestes tiene una eterna deuda con el buen juego, los resultados y la imagen, ésa que perdieron ante Bolivia sólo unos días después. Los ‘Papis’ golearon con estrépito a los de Diego, con media docena de goles llegados, entre otros, de los pies del ‘anónimo’ Botero, un jugador de un nivel inferior que anotó un ‘hat-trick’ pese a jugar en el modestísimo Correcaminos de la Segunda División mexicana.

Todos los elogios que se lleva el citado Botero, se han traducido en críticas argentina a su dios, no sólo a Maradona, sino a Messi, que ha pasado a ser el mayor verdugo del país por su ‘borrón’ ante Bolivia. El extremo barcelonista desapareció del mapa en el Hernando Siles, un estadio que lejos de vibrar con su velocidad y descaro, terminó enloqueciendo con los suyos y viendo la mayor vergüenza del supuesto crack argentino, que por momentos debió haber pensado en dejar su estreno del dorsal 10 para otra ocasión.

Justo ese apunte, el de portar el dorsal más grande en el fútbol argento (tras la marcha de Riquelme), le ha costado estos días las mayores críticas vertidas por la prensa a uno de sus figuras. Le culpan de estar ausente, de no estar motivado, de crecerse en su ego en momentos donde el país le necesita y, además, de falso. Y esto último justificado porque, tras perder y recibir una goleada histórica, a Leo sólo se le ocurrió defenderse con un cruel y nefasto ataque al rival, argumentando que no puede jugar en la altura de La Paz. Un dato deplorable y sólo generado por la impotencia y rabia. Así no, Leo. Así, no.

Un golpe bajo del más pequeño de todos, ése que algunos se empeñan en agigantar a base de elogios mientras sus compañeros bolivianos devuelven al planeta tierra. Los dioses, mejor dejémoslos en el Olimpo.

Solicitamos su permiso para obtener datos estadísticos de su navegación en esta web, en cumplimiento del Real Decreto-ley 13/2012. Si continúa navegando consideramos que acepta el uso de cookies.
OK | Más información