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España ya nota la precariedad de Sudáfrica

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EFE EFE

La selección española aterrizó en Sudáfrica tras un duro día de viaje, con 15 horas entre el vuelo de Bakú a Johannesburgo, y el posterior desplazamiento en autobús a Rustenburgo, ciudad en la que debuta el domingo, donde ya es 'cobaya' para conocer si el país puede acoger el Mundial 2010.

El largo viaje comenzó con mal pie. Un despiste de un utillero con el pasaporte lo dejó en tierra tras provocar una hora y media de retraso en la salida del avión, el Airbus 340/300 "María Bárbara de Braganza" que no comenzó a volar hasta las 4:25 de la madrugada.

Pese al cansancio el buen ambiente de la selección se respira en cada anécdota que protagonizan los 23 elegidos de Vicente Del Bosque. Cesc Fábregas acumulaba bromas por la brecha que sufrió en la frente en el partido. Santi Cazorla el que más felicitaciones recibía por recuperar la mejor de sus imágenes y olvidar su grave lesión.

Y David Villa el centro de las miradas. "Cada gol era un millón de euros que pagará de más Florentino por tu fichaje", le bromeaba más de un internacional ante la risa de complicidad del 'Guaje'. El goleador se centra en la 'roja', aislado de todo lo que se está gestando para fichar por el Real Madrid, centrado en seguir batiendo récords anotadores convertido en el tercer artillero de la historia de la absoluta.

LARGO VIAJE

La expedición aterrizó a las 11.05 de la mañana en Sudáfrica tras 8.265 kilómetros recorridos. El amistoso en Bakú dejó un buen pellizco a la Federación española (RFEF) -750.000 euros-, pero 12.732 kilómetros en dos viajes en avión, sin sumar las horas de autobús. Cansancio para un grupo de jugadores cargados tras una larga temporada.

Por eso, Del Bosque, una vez completadas las tres horas de autobús que separan Johannesburgo de Rustenburgo, dio libre a sus jugadores. Miembros de la Federación mantuvieron la preceptiva reunión con el delegado arbitral de FIFA y realizaron las acreditaciones. De primera mano, comenzaron a comprobar las enormes limitaciones del país para acoger un gran evento futbolístico.

La amabilidad de todos los voluntarios de la Copa Confederaciones contrastó con las obras a última hora que afrontan con toda la precariedad del mundo. A tres días del estreno falta mucho trabajo por hacer. Afecta a todos. El día fue un caos para los enviados especiales que viajan con la selección. Maletas perdidas. Horas de esperas y viaje sin resultado a un estadio de grandes dimensiones en medio de la nada, donde aún no se entregan acreditaciones.

Los internacionales, alejados de los lujosos hoteles en los que habitualmente se concentran, se juntaron en varias habitaciones para jugar a las cartas, escuchar música y cerrar un día de transición.

Mañana se quedarán sorprendidos por el estado de las instalaciones donde completarán la primera doble sesión de trabajo en tierra sudafricana (11.00 y 18.30 horas), en una ciudad donde la llegada de la campeona de Europa, bajo una lluvia torrencial, pasó desapercibida.

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