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A semifinales haciendo historia

  • C.Confederac.: España 2-0 Sudáfrica
C.Confederac.: España 2-0 Sudáfrica
David Jorquera - La Crónica David Jorquera - La Crónica

La selección española no necesitó dar lo mejor de sí mismo para imponerse con cierta suficiencia a Sudáfrica por 0-2. Un tanto de Villa y otro de Llorente posibilitaron que los nuestros entraran en la historia del fútbol mundial. 35 partidos consecutivos sin perder y 15 victorias consecutivas nos contemplan. La roja entra en el Guiness y, de paso, en las semifinales de una competición que el miércoles, suponemos, nos exigirá algo más de esfuerzo.

El partido más parecido a uno de verdad comenzó a cocerse desde una grada llena, una afición contraria a los nuestros (hasta un féretro con el escudo español tuvo su espacio en el tiro televisivo) y un árbitro que, a pesar de compartir lengua con los nuestros, pareció no entender nuestro juego y demostró ser igual de malo que los que pitan en la liga española.

Sudáfrica, sin ser nada del otro mundo, vivía de su físico ante una España que aburría con el toque. El juego del pase corto era cualquier cosa menos efectiva. Busquets intentó hacer las veces de Xabi Alonso aunque sin mucho éxito. Sólo Xavi y Cesc buscaban hacer daño con pases en profundidad, eludiendo la tontuna del tocar por tocar. Villa, Manuel Llorente mediante, no terminaba de coger el tino ni al cuero ni al césped, mientras que Torres batallaba y sudaba sin éxito y cuando olía el gol, el enano Khune lo evitaba.

Ficha técnica:

2 - España: Reina; Puyol, Piqué, Albiol, Arbeloa; Busquets, Xavi Hernández, Cesc, Riera (Cazorla, m.79); Fernando Torres (Llorente, m.60) y Villa (Pablo Hernández, m.60).

0 - Sudáfrica: Khune; Gaxa, Mokoena, Booth, Masilela; Pienaar, Sibaya (Mashego, m.80), Mhlongo, Dikgacoi, Modise; y Parker (Tshabalala, m.90).

Goles: 1-0, m.51: Villa. 2-0, m.71: Llorente.

Árbitro: Howard Webb (ING). Mostró cartulinas amarillas a Albiol (23) y Piqué (56) por España, y a Sibaya (4), Modise (52) y Dikcagoi (53) por Sudáfrica.

Incidencias: encuentro correspondiente a la tercera jornada del Grupo A de la Copa Confederaciones, disputado en el Free State Stadium de Bloemfontein ant
e la presencia de 38.000 espectadores.

Los nuestros incidían en el juego por el centro, pues las limitaciones de Puyol en el lateral en el aspecto ofensivo dejaban cojo el ataque de la roja. Riera lo intentaba, pero su tino era más parecido al de una escopeta de feria que al de un preciso cazador. Con las mismas, Sudáfrica lanzó un par de contraataques que permitieron a los aficionados dejar de tocar la trompeta buscando el abrazo amigo de su compañero de butaca que nunca llegó. Piqué y, sobre todo, Albiol se mostraban seguros y dirigían el tráfico como si de dos policías en la Gran Vía de Madrid se tratara.

VILLA GRITÓ AL CIELO CON LIBERACIÓN

El reloj jugaba a favor de España. Sudáfrica tenía el depósito de la gasolina rozando la reserva y, antes o después los goles debían caer. Y lo hicieron. El primero fue obra de Villa, el nombre más pronunciado en España en las últimas horas. Tras un ingenuo penalti cometido sobre Cesc, el delantero se dirigió a los 11 metros para transformar la pena máxima. No estaba Manuel Llorente en la portería pero lo pareció. El tal Khune se hizo tan grande como el palo que recibió el ‘7’ de España tras conocer que el Valencia no le vendía y le sacó el disparo al aún valencianista. El primer asalto lo perdió el nuestro. Sin embargo, a los 30 segundos, ni una décima más ni una décima menos, Villa recibió un balón aéreo que bajó con el pecho y que remató con la izquierda al fondo de la red. Su grito y celebración llevaba un mensaje de rabia contenida como si de un canario enjaulado se tratara. A la segunda marcó ¿Saldrá del Valencia dirección A-5 Madrid también a la segunda?

El tanto español mató a los africanos. Y lo hizo porque ya no llegaban ni a dar esas molestas patadas que durante gran parte del partido les mantuvieron a flote gracias al paisano de Pellegrini. Las trompetas se fueron apagando con el transcurrir de los minutos, la mejor de las señales tanto para los jugadores como la supervivencia en la Tierra. Un equipo campeón lo demuestra hasta cuando marca goles sin querer. Una falta lateral botada por Xavi encontró un mal toque de Cesc y, de la nada, como si de un fantasma se tratara, Llorente columpió su borceguí y acunó el balón al fondo de la red. Era el segundo y por ende la sentencia. Una sentencia a ritmo de récord y con la ley del mínimo esfuerzo. Las semifinales (qué bien suena está palabra) nos esperan.

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