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Victoria in extremis del Athletic

  • Un gol de Llorente en el descuento da el triunfo (3-2)
Un gol de Llorente en el descuento da el triunfo (3-2)
EFE EFE

El Athletic Club ha tenido que remontar el marcador que se le llegó a poner en contra en dos ocasiones para tomar ligera ventaja (3-2) ante el Tromsoe en la eliminatoria de la Liga Europa, en la que a cinco minutos del final estaba en un situación aún más peligrosa de la que ya se vio en la ronda anterior frente al Young Boys.

Si frente a los suizos fue 0-1 el resultado de la ida en Bilbao, a poco del final el conjunto noruego ganaba por 1-2. Pero, aparecieron Oscar de Marcos, primero, y Fernando Llorente, sobre el tiempo reglamentario, para evitarle a su equipo el sonrojo de tener que ir al casi despoblado Polo Norte a marcar al menos dos goles. Antes, el peligrosísimo Moldskred y Lindpere habían puesto el 0-1 y el 1-2 en tiros lejanos que de dejaron muy bien a Iraizoz, y Javi Martínez había equilibrado el choque transformando un penalti que le habían hecho a él mismo.

De inicio, Joaquín Caparrós apostó por los jóvenes que han ilusionado a la afición rojiblanca esta pretemporada, Oscar de Marcos, el mejor frente al Barcelona, e Iker Muniain. Si la presencia del juvenil héroe en Berna de hace dos semanas sí aportó algo a la delantera local, de la que fue el más destacado en la primera mitad, hoy el fichaje llegado del alavés no funcionó como ante el Barça. No fue, de todos modos, De Marcos el único que no dio la talla, si no el equipo en general, ya que repitió la deficiente primera parte en Bilbao ante el Young Boys que a punto estuvo de dejarle fuera a las primeras de cambio en esta novedosa Liga Europa.

Como el equipo suizo entonces, el noruego amagó y amagó hasta que dio duro antes del descanso. Fue la enésima acción peligrosa de Morten Moldskred, el acompañante de Sigurd Rushfeldt en el ataque visitante. Esta vez un tiro lejano raso al que dio velocidad el mojado césped de San Mamés y al que Iraizoz no respondió como debía. Previamente, ni Yeste ni Ocio fueron capaces de pararle en un salida desde la banda hacia el centro, desde donde chutó. Ya antes el segundo delantero visitante había merecido algo más en una magnífica volea más allá de la frontal y en una ruptura escorado a la izquierda. En ambas ocasiones, Iraizoz había estado providencial, como en un primer tiro de lejos de Knarvik.

El Athletic, desordena como acostumbra muchas veces, vivió en la primera mitad de la brega un tanto anárquica de Javi Martínez, de la pelea infructuosa de Susaeta y del dinamismo de Muniain. El todavía juvenil gozó de una primera ocasión bilbaína, a pase de Llorente, que acabó en el pecho del portero visitante, al filo de la media hora. Una nueva acción bien iniciada por Llorente, ya con él 0-1, pudo significar el 1-1 al descanso. No obstante, ni Muniain llegó al centro al primer palo de Susaeta ni De Marcos, ya en el segundo, estuvo lo inspirado del día del Barcelona.

En la segunda parte, el Athletic salió decidido a acosar al rival en busca de igualar el partido y, si se daba la oportunidad, remontarlo. No obstante, todavía le dio un pequeño susto al principio Moldskred. Luego, ya casi todo lo que ocurrió fue en la mitad de campo del Tromsoe. Para empezar el penalti a Javi Martínez, más claro en vivo que una vez visto repetido, que el internacional sub'21 transformó él mismo; después otro penalti, clarísimo, a Llorente no señalado; y más tarde un par de ocasiones de Toquero, recién salido, abortadas por el meta visitante.

En medio del fragor de la batalla que se estaba dando en el otro lado del terreno de juego, Lindpere tuvo la clarividencia de incidir en el punto débil de Iraizoz, los tiros de lejos ajustados a los palos, para poner el 1-2. Ya con el partido casi perdido, tuvo que aparecer otra vez un chaval, esta vez De Marcos, para salvar los muebles. Lo hizo con una gran acción individual, una jugada hasta el vértice del área que terminó con un tiro cruzado con efecto. Aún les quedaba más a los de Caparrós, que encontraron un cabezazo salvador de Llorente, a perfecto centro con la izquierda de Toquero, para evitar volver a verse al borde del precipicio.

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