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Riazor acabó extasiado gracias a la roja

EFE EFE

La selección española, con su "manita" ante Bélgica, llevó al éxtasis a la afición de Riazor, que inundó el estadio con una marea "roja" y acabó haciendo la ola en una noche "meiga" que A Coruña no vivía desde la épica remontada ante el Milán en las semifinales de la Liga de Campeones del 2004.

Con el "a por ellos" como grito de guerra, los coruñeses prepararon el camino a la gloria y allanaron aún más el de la selección española, que avanza con paso firme hacia el Mundial de Sudáfrica 2010.

Casi tres lustros después de su último partido en A Coruña, la selección conquistó un feudo que se le resistió el 18 de enero de 1995, cuando unas 18.000 personas dejaron al descubierto demasiado cemento en el graderío en el encuentro amistoso ante Uruguay, que acabó en empate (2-2).

Aquel fue el quinto partido de España en Riazor, estadio que la selección inauguró de forma oficial el 6 de mayo de 1945 ante Portugal (4-2), aunque seis meses antes había acogido un partido entre el Deportivo y el Valencia.

En A Coruña, la selección preparó el Mundial de 1966 con dos amistosos ante el Ajax (1-2) del imberbe Johan Cruyff y Uruguay (1-1) y, 23 años después, el 20 de septiembre de 1989, silbó a Fernando Hierro ante Polonia (1-0) por una polémica semifinal de Copa del Rey entre el Deportivo y el Valladolid poco antes.

Ante Bélgica, en el primer partido oficial que ha acogido Riazor, los aficionados dejaron libres muy pocos asientos y tiñeron de rojo el blanquiazul del estadio coruñés, que vibró con el juego del equipo de Vicente del Bosque.

España levantó expectación durante sus dos días en la cornisa noroeste del país, primero en el aeropuerto de Alvedro, después en el hotel de concentración, más tarde en el entrenamiento a puerta abierta en el escenario del partido, y, por fin, en el choque con los belgas.

Riazor aplaudió el regresó de Joan Capdevila con la "roja" a la que fue su casa durante siete temporadas, y también el de Alvaro Arbeloa, que vistió la elástica del Deportivo media campaña antes de ser traspasado al Liverpool.

Pero fue David Villa el que despertó a los aficionados con la primera ocasión clara de los españoles, un lanzamiento desde la frontal a los ocho minutos de juego que sacó de las gargantas el recurrente "a por ellos" que no ha dejado de acompañar a la selección desde la Eurocopa conquistada en Austria el año pasado.

Xavi estrenó el clásico "olé" con un sombrero sobre Fellaini en el centro del campo con sólo diez minutos de reloj, y el gol casi sale de la boca de la afición cuando el portero belga, Gillet, salvó con el pie un remate de Villa tras una falta ejecutada por el centrocampista del Barcelona.

GRITOS CONSTANTES DE ÁNIMO

Hubo también momentos de sentimientos encontrados, con la emoción que suscitó el penalti sobre Villa y la parada posterior de Gillet, que amenazó con segar, como la famosa maquinilla de afeitar, las barbas de España y sus aficionados.

Justo cuando la grada estaba más calmada y el juego de España había perdido fuerza, Silva, tras una conexión con Villa, rescató el entusiasmo del equipo de Del Bosque y de la afición, que aclamó a los internacionales.

Lo mejor todavía estaba por llegar y sucedió en el arranque de la segunda parte con los goles de Villa y Piqué, ante los que A Coruña explotó de júbilo, coreó la "Rianxeira" y su "ondiñas veñen e van" (Olitas vienen y van), botó de satisfacción y trasladó las olas del arenal de Riazor hasta el propio estadio.

Al ritmo, tímido, del "¡Que viva España!", Silva y Villa rubricaron una noche en la que la selección enamoró a la afición coruñesa, que se rindió ante el fútbol-espectáculo que dio la Eurocopa y que, día a día, alimenta el sueño de un campeonato mundial.

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