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Austria se aferra al milagro de Córdoba

  • Donde ganó a Alemania en el Mundial de 1978
Redacción Defensa Central Redacción Defensa Central
Austria, única de las co-anfitrionas que aún permanece "viva" en la Eurocopa de fútbol, se aferra al "milagro" de Córdoba -localidad argentina donde logró una histórica victoria sobre Alemania, en el Mundial de 1978- para seguir soñando con el pase a los cuartos de final en "su" torneo.

La victoria sobre Alemania en el Mundial de Argentina es, para muchos, la más legendaria de toda la historia del fútbol austríaco. A pesar de que el triunfo no le servía para nada a Austria. Ese día, el 21 de junio de 1978, sólo estaba en juego el honor. Y el 3-2 con el que derrotó en Córdoba a una Alemania que venía de ganar, cuatro años antes, "su" Mundial, Austria elevó a la enésima potencia el orgullo patrio de una nación en la que el deporte rey es el esquí alpino. En aquellos momentos, el balompié no ocupaba un rango superior al de la mayoría de los deportes invernales. Pero tras ganar a Alemania, Austria se "enchufó" por completo al fútbol.

Los austríacos habían alcanzado la segunda ronda tras derrotar a España (2-1, gol de Dani) y a Suecia, antes de perder con Brasil. Pero tras caer en los dos partidos siguientes, con goleada en contra incluida, ante Holanda (1-5), se presentó en Córdoba sabiendo que ése sería su último encuentro. Alemania, que optaba a jugar el encuentro por el tercer puesto, se adelantó ese día gracias a Karl Heinz Rummenigge, que marcó en el minuto 19. Con un autogol de Berti Vogts, Austria niveló en la segunda mitad de un partido en el que el gran héroe fue Hansi Krankl. Krankl marcó el 1-2, pero dos minutos después, en el 68, Bernd Hoelzenbein igualaba de nuevo un partido emocionante, que resolvió, a dos para el final, de nuevo el ex barcelonista.

En el plano balompédico, Austria ha puesto a toda máquina su capacidad propagandística. Y desde horas después de empatar contra Polonia se está recordando esa proeza. Las radios repiten el momento de la retransmisión en el que el narrador enloquece cantando el gol decisivo, que no se pudo oír por la televisión estatal, que se quedó sin sonido durante algo más de un minuto, instantes que para muchos fueron de los más grandes de toda la historia del deporte austríaco. Casi tanto como lo habían sido anteriormente las victorias de los esquiadores Karl Schranz o de Franz Klammer.

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