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Hasta los alemanes celebraron el título español

  • Los aficionados del rival de España en la final se lanzaron a la calle para festejar el título de la Roja
EFE - VIena EFE - VIena
Hasta los aficionados alemanes cantaban esta noche "Qué viva España" en las calles de Viena, llenas de austríacos que salieron a festejar el triunfo del equipo de Luis Aragonés, muchos de ellos con banderas españolas o vestidos con los colores del nuevo campeón de la Eurocopa. Un ambiente entre eufórico y alegre, sin tensiones, se apoderó de la casco antiguo de la ciudad, mientras que en las grandes avenidas los automóviles llevaban banderas de España en esta noche cálida, que con el triunfo de España 1-0 contra Alemania puso fin a la Eurocopa 2008 que tuvo lugar en Suiza y Austria.

Rodeada de los suntuosos edificios de la avenida del Ring, desde el Palacio Imperial Hofburg hasta la universidad, pasando por el Parlamento y el neogótico Ayuntamiento, la principal "milla del aficionado" de la capital austríaca se convirtió en una auténtica fiesta.

Ya durante el partido que podía seguirse en las pantallas gigantes, las banderas españolas eran la mayoría a pesar de que el número de hinchas alemanes superaba al de los españoles. Luego, los españoles y muchos de los alemanes festejaron juntos: éstos últimos convirtieron rápidamente en española a su bandera: si no todos, muchos de los aficionados las doblaban escondiendo la franja negra, y dejando a la vista sólo la roja y la amarilla.

"Lo sorprendente es que toda la ciudad es española", comentó el padre de una familia de Madrid que con sus dos hijos pequeños había visto entusiasmado la final en la "milla". Pero también se veían ondear otras banderas, como la croata, la turca o incluso la de Bulgaria, que no participó en este torneo. En el repleto bar español Manolo, detrás del Museo de Historia Natural, un grupo de alemanes bailaba y cantaba "Qué viva España". Una banda de portugueses tocando percusión brasileña atraía a decenas de entusiastas en los jardines del Palacio Imperial, mientras que en la avenida del Ring sonaban tambores de un grupo de africanos.

Un poco más lejos, una alemana bailaba la danza del vientre con un español que la toreaba. Sólo en bares un poco más alejados del centro y del bullicio, se veían a algunos alemanes cabizbajos buscaban consuelo en la cerveza, quizás para animarse a unirse al resto más tarde
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