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El error de no saber ver el momento de decir adiós

  • "A mí me duele que Casillas, a pesar de todo, siguiera empeñado en perpetuarse en la portería del Real Madrid"
Jaime de Carlos - La Opinión
Angel Sopeña Angel Sopeña

La despedida de Iker Casillas del Real Madrid me ha dejado sentimientos contrapuestos. Por un lado siento la añoranza de esa época en la que el club tenía al mejor portero del mundo, quien por cierto había salido de la 'Fábrica' de la antigua Ciudad Deportiva. Pero por otro tengo la sensación de que el equipo merengue se ha quitado un peso y una preocupación de encima. Porque, seamos sinceros, el mostoleño llevaba más de dos años que no era ni la sombra del jugador que realmente llegó a ser.

El Madrid lleva bastante tiempo jugando sin portero. Es duro decirlo, pero así se ha percibido. Por delante va a tener dos años en el Oporto para desquitarse y demostrar que sus problemas no son físicos, sino simplemente mentales. Pero lo que está claro es que desde que Mourinho le sentó y le sobrevino la lesión en la mano no ha vuelto a ser el mismo. Probablemente sea una consecuenca de la ley de vida que señala que una vez que se supera la barrera de los 30 años normalmente las cosas empiezan a ser más difíciles para cualquier deportista. Y en su caso más, pues como ha comentado ya en alguna ocasión las suyas son cualidades innatas y el gimnasio no está entre sus grandes pasiones.

En la última temporada yo no he visto ni rastro del Casillas brillante al que estábamos acostumbrados. Desde su debut en 1999 he seguido su carrera al completo y el Iker de ahora no es el mismo que el de hace 16, 10, 7 ó 4 años. Son porteros y personas distintas. Y su gran problema es que su última versión no estaba a la altura de lo que exigía el Real Madrid, aunque él parecía negarse a admitirlo. Una de las cosas más complicadas en el mundo del fútbol es saber cuándo dar un paso al lado y a este capitán le ha costado horrores. Desde hace tiempo resultaba evidente que no tenía el nivel para ser titular en el club más importante del mundo, aunque determinados medios se dedicaran día sí y día también a destacar las jugadas en las que simplemente hacía su trabajo y a tapar las acciones en las que comprometía al equipo.

A mí me duele que Casillas, a pesar de todo, siguiera empeñado en perpetuarse en la portería del Real Madrid. Que después de lo visto en los últimos tiempos pretendiese seguir, a sabiendas de la 'guerra interna' que generaba su presencia en el club, la prensa y la afición. Era un empecinamiento inútil que no le hacía ningún favor ni al club de su vida ni a él. Porque es imposible no pensar ahora que su adiós ha podido llegar uno o dos años tarde. Cuanto más ha estado en el equipo más ha desgastado su imagen, especialmente en esos cuatro últimos días que han tenido más de sainete que de negociación. Club y jugador peleando por las cifras de un contrato leonino firmado hace siete años por Ramón Calderón. Cuando Iker era el mejor portero del mundo y su declive quedaba aún muy lejano.

Casillas se ha despedido del Real Madrid

Sin embargo, que nadie se equivoque. A Casillas no le ha echado el Real Madrid. Le ha abierto la puerta su rendimiento. Benítez ha tenido más valor que Ancelotti y le ha dicho lo que el italiano quizá no se atrevió. "Si te quedas serás el tercer portero del equipo". Una decisión complicada, pero coherente. Porque, ¿se imaginan al nuevo entrenador diciendo algo semejante si el mostoleño hubiera estado al nivel de hace cuatro o cinco años? No, claro. Al mejor portero del mundo nunca se le podría abrir la puerta. El problema es que Iker hoy por hoy no es, ni de lejos, uno de los 50 mejores guardametas del mundo. Y eso le coloca por detrás y bastante lejos de Keylor Navas o De Gea.

Así pues, él ha decidido entre terminar ya su carrera y cobrar en el Real Madrid o probar con un nuevo reto en Portugal. Y ha actuado tarde, pero sabiamente. Aunque duela su decisión es la mejor para todos. Pero la verdadera pena es que las formas no hayan sido las mejores, precisamente por ese enorme desgaste que ha generado su relación con la actual directiva y con la afición. Indudablemente aquí todos han tenido su parte de culpa en este asunto, incluido el presidente que decidió firmarle un contrato de 9 años aún a sabiendas de que en el fútbol todo puede cambiar de un día para otro.

Atrás quedan 25 años de madridismo, de aciertos - más - y de errores - menos -. Inevitablemente el balance debe ser positivo, ya que de sus casi 16 años en la primera plantilla sólo dos y medio han sido para olvidar. Por eso la afición debe estarle agradecida y debe guardarle un lugar de honor dentro de la leyenda de este club. Nadie duda que Iker ha sido el mejor portero de la historia del Real Madrid, y eso es mucho decir.

Pero él ha querido tanto a este club y se ha querido tanto así mismo que ha querido convertir este 'amor' en una larga historia con la esperanza de que pudiera conseguir un final feliz para ella. La cuestión es que ni su cuerpo ni su mente se lo han permitido y todo ha acabado en un matrimonio desgastado que se ha mantenido en pie por aparantar. Y eso es lo que le ha acabado enturbiando los bonitos momentos del pasado, generando por momento ciertos rencores innecesarios. Aunque por suerte los años 'secos' han acabado y ahora sólo queda dejar que el tiempo haga su trabajo para colocar a Iker en el sitio en el que verdaderamente merece. Así que desde hoy empecemos a olvidarnos de lo malo y quedémonos con lo bueno, que es mucho y es para estar orgullosos.

 

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