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No me lo puedo 'de' creer

Alejandro Alcázar Gómez Alejandro Alcázar Gómez

La admiración, la sorpresa y la envidia, en algunas ocasiones van unidas, muy pocas, pero sí, hay momentos en la vida en que no sabes separarlas ni distinguirlas. A mi me ha ocurrido en algún hecho puntual y con muy pocas personas. La primera vez, con mi vecino Juan Luis.

Teníamos la misma edad, íbamos al mismo colegio y ninguno de los dos éramos buenos estudiantes. Pero había algo que nos distinguía: cuando suspendíamos, a mi me regañaban y castigaban sin salir y a él, ni le regañaban ni le castigaban, muy al contrario, sus padres no se enfadaban. Le hablaban de lo bonito que era estudiar y como colofón a la 'regañina' le llevaban al cine y a merendar para que el niño no tuviera traumas. Cuando yo le decía a mi padre lo que sucedía con mi amigo, me contestaba que eso era imposible: nadie premia al que no trabaja, me gritaba y me mandaba de nuevo a mi cuarto. Entonces, yo soñaba con ser Juan Luís al que le compraban un tebeo, cuando las mates no cuadraban.

La segunda me dejó aún mas fascinado. En tiempos de juventud atropellada de novias y fiestas, conocí a Basilio, “el triunfador”. Ligaba, engañaba y aturdía a las chicas de la facultad. Todas, pese a conocer su currículum, le reían las gracias, bailaban o salían con él y lo mejor de todo era que alguna o mejor dicho, casi todas, pese a saberse engañadas, le recompensaban con una nueva cita.

Ahora que el tiempo ha pasado y tener un trabajo y además conservarlo es una joya inestimable, ahora, admiro, envidio y me sorprendo, con aquellos que aún no haciendo su trabajo y equivocándose, les suben el sueldo y les dan palmaditas en la espalda para que no se enfaden y sufran de stress.
Y eso ocurre. Sí. No en su trabajo. Tampoco en el mío. Porque si usted o yo, o cualquiera de los mortales, llega tarde a su puesto de trabajo, se equivoca de medicamento al recetarlo, trata mal a un cliente o chilla a su jefe, lo mínimo que le puede suceder es que le suspendan de empleo y sueldo si es que no le mandan a la cola del paro. Lo normal cuando uno no cumple, es que te pongan de patitas en la calle.
Por lo menos eso es lo que yo conozco, sé y veo cada dos por tres en ésta nuestra España y más ahora que andamos con desaceleración. Menos en el Real Madrid. En el Real Madrid te pagan 120.000 euros si ganas cinco partidos consecutivos. No que ganen una copa, ni una liga, no, si ganas los próximos cinco partidos. No es que les rebajen el sueldo, que va, tampoco les suspenden de empleo y sueldo por no meter goles. No, no, les van a recompensar con 120.000 euros extras, (25 millones de pesetas) para que se lo tomen en serio y se apliquen.
¿Usted se imagina a un tenor que ha desafinado en un concierto, que para el siguiente le doblen el caché para que no pierda el “mí sostenido”? ¿Se imagina al contable del banco que no le cuadren las cuentas, y que le den el sueldo de seis meses para que no se equivoque más? De risa vamos. De risa y un poco de vergüenza que me da a mí. Bueno y a los jugadores un poco. Han filtrado que aceptarán los 120.000 Euros pero no por los cinco siguientes, si no por los siete, añadiendo los partidos del Barça y el Valencia. Ah, pero tendrán que darles de 30 a 40 mil Euros más.
Esto no es demagogia de café, esto es que el mundo se está volviendo loco y se prima al que se equivoca y no hace su trabajo bien, eso si, con educación y sin hacer mucho ruido que después parece que se les tiene envidia y manía.
Por cierto con esta “gratificación” D. Ramón Calderón a puesto a sus jugadores a los pies de los caballos ya que, los jugadores, estoy convencido que siempre quieren ganar no por éstas y otras primas pero… si salen victoriosos en los próximos seis partidos (al Recre ya le han ganado), que nadie se extrañe si pensamos mal.
M e entienden ahora cuando digo que les admiro, les envidio y me sorprenden. Porque si todo esto es cierto, que lo es, hay que emularlos e intentar incluir, éste punto en cualquier convenio laboral. Y después hacerles la ola a los jefes que lo firmen, amén de un beso en la boca y de por vida tenerlos en nuestras oraciones.
Aunque sigo pensando como mi padre: no puede ser verdad. Esto no es cierto nadie premia al que no cumple con su obligación aunque lo intente, faltaría más. No me lo creo no lo pueden aceptar. ¿O sí?
 

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