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Calderón, cuando no hay problemas los buscas

José Manuel Estrada José Manuel Estrada

Siguen los líos. El penúltimo capítulo de la reciente historia del Real Madrid no se corresponde ni con la entidad ni con la tradición del club más laureado del mundo. Tras esa última noticia en la que parece que Ramón Calderón - como máximo responsable de la institución - permitió la presencia de socios compromisarios falsos para ganar la Asamblea, el madridismo está en pie de guerra.

Todo esto ni se puede ni se debe consentir. No por otra cosa, sino porque lo de la Asamblea es la puñalada trapera más fuerte que se le puede espetar en el corazón a los socios del Real Madrid. Sobre todo en un día en el que, por tradición y respeto, se debía de rezumar madridismo por los cuatro costados. Pero madridismo del bueno, ya sea crítico o no, pero del bueno, y eso quiere decir transparente y legal. Aquel día no empezó bien con todos los líos que el mundo blanco pudo ver: micros silenciados, presencia de radicales y abucheos. Lo que mal empieza, mal acaba.

Estamos ante una situación límite donde las haya. El club está inquieto, intranquilo e impasible. La casa blanca vive un estado de convulsión permanente que es preocupante. Parece como si a Ramón Calderón y a los que le rodean les gustara vivir en una espiral de inestabilidad perpetua: cuando parece que las aguas baja tranquilas, de repente aparece un problema nuevo. Todo ello cuando, tras la enésima crisis que conllevó la destitución de Schuster, parecía que Juande Ramos había traído la paz deportiva con goles, juego, puntos y resultados. Tirando de memoria, a cualquier socio le vienen a la cabeza multitud de capítulos negativos en la reciente historia madridista: lo mal que se planificó la plantilla en verano, las constantes promesas sobre la llegada de Cristiano Ronaldo, el asunto de David Villa que no llegó a buen puerto, las malas relaciones con un club afable como el Villarreal tras el frustrado traspaso de Cazorla o la dimisión de Míchel, un madridista de los de toda la vida, que se tuvo que marchar por la puerta de atrás al no gustarle lo que veía. Y si todo esto parece poco, podemos añadir la destitución de Schuster o ese error monumental del artículo 17.18 que impide inscribir a dos jugadores fichados en el mercado invernal –Huntelaar o Lass- para disputar la Champions. Y todo esto cuando no hemos llegado ni al ecuador de la Liga…

Ahora llega esta denuncia en la Asamblea en un día que, en unas pocas horas, pasó de ser el más blanco del año a la jornada más negra de la temporada. ¿Qué es esto? Pues, simple y llanamente, otro disgusto más para la afición blanca. A estas alturas de la película me pregunto qué estará pensando el socio de a pie que, tras su jornada de trabajo, comprueba impasible, inmóvil e impotente lo que está ocurriendo con su Real Madrid. Así no se puede seguir y hay que acabar con esta sangría. Sería bueno para Calderón y para el Real Madrid la convocatoria de elecciones ya para que desaparezca toda duda o sospecha. El Madrid se merece una votación del color de su camiseta: muy blanca.
 

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