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¿Y ahora qué, Boluda?

José Manuel Estrada José Manuel Estrada

Cómo son las cosas a uno y a otro lado del charco. Mientras en la Casa Blanca, la de allá, se celebra la llegada de un presidente como Obama –apoyado en el pueblo y con un lema de esperanza envidiable-, aquí en Madrid se inician unos meses que van a traer cola. Boluda se ha autodenominado como un presidente con fecha de caducidad y cuyo objetivo hasta el próximo verano es el de velar por la paz social y deportiva de un club y de un equipo que las necesita como agua de mayo.

El nuevo mandatario blanco tiene la misión de calmar una sociedad que vive en un estado de convulsión continua desde el pasado 7 de diciembre, siempre siendo generosos. Con el pucherazo de la Asamblea me vino a la cabeza el ídem de George W. Bush cuando ganó sus primeras elecciones. Son muchas las similitudes entre unos y otros, porque los aficionados y socios del Real Madrid, al igual que los estadounidenses, han vivido unos dos últimos años dignos de olvidar. Y que conste que he escrito que ese estado de convulsión perpetua llega desde aquel fatídico 7 de diciembre. Podría haber recordado, incluso, que la “Era Calderón” empezó con más sombras y dudas que otra cosa gracias a todo el embrollo del voto por correo. Insisto, estamos siendo generosos.

A pesar de todo, el nuevo presidente tiene que pensar más en la sociedad que en las propias cuentas. Me refiero a Boluda. Me consta que a esta Junta directiva lo que más le preocupa es seguir adelante para tener su propio criterio contable y para poder ofrecer unos números en positivo y salvar así sus propios avales a finales de temporada. ¿Qué quiere decir todo esto? Pues que hay ese miedo en el ambiente a que se cree una Junta gestora que llegue con un criterio meramente contable y diferente del todo al actual. Esa Junta gestora, es más, incluiría dentro del apartado económico de este año a los fichajes de la actual plantilla, con todo lo que eso podría suponer: entre otras cosas, que las cuentas no saldrían y que se ejecutarían los avales de los actuales directivos.

Y que nadie se lleve a engaño, porque hasta el momento ésa es la madre de todas las batallas. Aquí a nadie le importa que el equipo vaya bien o mal, que las nuevas caras de la plantilla se estén adaptando o no, que los veteranos del vestuario puedan estar más o menos cómodos. Aquí lo que realmente importa es que la Junta directiva y cada uno de sus miembros salven sus propios intereses. En un club normal, eso sería el principio de la desaparición como tal de la entidad. Sin embargo en un ente como el Real Madrid, con esa masa social y ese tirón de gentes es impensable. Lo cual prueba que es una institución tan resistente que ni un tsunami como el vivido en estas dos semanas puede con ella.

A estas alturas ni se ficha ni se traspasa. Nada de nada, por lo tanto, lo único que me queda decir es que, como se está probando, Boluda y sus compañeros no son más que unos “okupas” en la Casa Blanca. Al contrario que Obama.
 

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