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Quien ríe el último...

Belén Mejías Belén Mejías

Como era de esperar, todo ha vuelto a su sitio. El Atlético de Madrid ha bajado de la nube a la que se había subido al término de la primera vuelta y ya tiene los pies en la tierra. El cuadro colchonero toca fondo y pasa de adelantar al Real Madrid y colocarse tercero en la tabla, a ser el peor equipo de este comienzo de 2009 y decir adiós a Europa.

En el olvido han quedado ya aquellas risas rojiblancas cuando el plantel merengue les leía la matrícula. Risas que en las pasadas navidades formaban parte de charlas de bar que debatían sobre la crisis en la 'Casa Blanca' y definían como desacertada la llegada del técnico manchego al banquillo madridista.

En el vestuario colchonero nadie daba un duro por Juande Ramos, consideraban que el ex entrenador del Tottenham no tenía suficiente nombre como para sacar a flote un barco que hacía tiempo que había naufragado. Nombre no sé, pero que lleva a sus espaldas dos Copas de la UEFA, una Supercopa de Europa, una Copa del Rey, una Supercopa de España y una Carling Cup son seis motivos más que suficientes para ponerse al mando de cualquier grande.

Ahora todo ha cambiado y el navío que hace aguas está a las orillas del Manzanares. Las risas no han tardado en tornarse en lágrimas, pues los malos resultados duermen ya en cama colchonera, y no precisamente por culpa de Javier Aguirre, sino más bien por la pérdida de brillo de sus 'fantásticos'. Aún así, el mexicano ha sido condenado y sentenciado y ha pasado a la numerosa lista negra de técnicos rojiblancos que han hecho las maletas antes de tiempo (más de 40 en toda la historia del club).

Su testigo ha pasado a manos de Abel Resino, un entrenador procedente de la división de plata que ha aterrizado en el Calderón por su pasado y sangre atlética, no por su nombre ni por títulos logrados. El ex guardameta colchonero llega con la difícil papeleta, por no decir imposible, de meter al equipo en Champions, un objetivo que el Real Madrid ya tiene en el bolsillo. En fin, ya saben, todo cae por su propio peso. Y quien ríe el último...

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