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La sanción a Pepe, merecida pero injusta

Alberto Piñero Alberto Piñero

Hace una semana, las imágenes de David Villa discutiendo con su médico y con su entrenador en el banquillo tras ser sustituido dieron la vuelta al país. Entonces, prácticamente todos los analistas deportivos coincidieron en que fue un momento de ira producido “por su competitividad y sus ansias de meter gol y ayudar a su equipo”. Razones esgrimidas para justificar la acción de Villa y que, en teoría, deberían servir para prácticamente todos los casos similares, cuando en la práctica es algo que no se da. Y sólo hay que fijarse en el caso de Joaquín durante el mismo partido, o de Guti mismamente en el pasado derbi madrileño.

Una situación similar de agravio comparativo se ha repetido a lo largo de esta semana a colación del incidente de Pepe en el partido ante el Getafe. Y es que se ha llegado a escuchar en los medios de comunicación que ésta era “una acción de una violencia extrema”, que “seguramente hubiera espectadores a los que les hubiera costado dormir”, que Pepe “debería dejar de jugar al fútbol”, y hasta que era “la acción más violenta en la historia del fútbol español”, unas declaraciones tan cargadas de sensacionalismo como de poca objetividad. Y es que cualquier persona seguidora habitual del fútbol, y más si lo es de categorías regionales, sería capaz de reconocer que estas afirmaciones son bastante exageradas. De hecho, estoy seguro de que si a un grupo de personas se les enseñara una recopilación de todas las declaraciones que se han hecho sobre Pepe antes de que vieran las imágenes del incidente, a la mayoría no le parecerían tan impactantes como se ha dado a entender. Lo que pasa es que todo lo que rodea al Real Madrid está cargado de una polémica implícita, y así, cualquier persona se anima a opinar del conjunto blanco con una ligereza que no se ve en otros aspectos del fútbol ni del deporte.

Evidentemente, ni que decir tiene, que la actitud de Pepe no tiene justificación alguna, pero sinceramente creo que el trato que ha recibido el portugués desde prácticamente todos los sectores del deporte ha sido más que injusto. Y quizás ha sido por toda esta polémica magnificada desde los medios de comunicación por lo que la sanción del Comité haya llegado hasta los diez partidos, la octava sanción más dura en la historia del fútbol español.

Si el fin es erradicar estas actitudes del fútbol, cualquier sanción es merecida, pero también ha de ser justa, y en el caso de Pepe no lo es, y de nuevo entra en escena el agravio comparativo. Hay muchos precedentes similares no castigados tan duramente, y la clave en el caso del central del Real Madrid es que se han contado la patada a Casquero y el puñetazo a Albín como dos agresiones separadas. Y efectivamente lo son, pero a efecto de las sanciones nunca lo han sido, es la primera vez en la historia del Comité de Competición que se juzgan dos agresiones dentro de una misma sanción. Por eso, por hablar de dos situaciones muy recientes, la doble agresión el año pasado de Toño a Gavilán y Braulio, que invito a ver, se quedó en sólo tres partidos (y posteriormente en uno como si hubiera sido una expulsión normal), y la pelea entre Luis Fabiano y Diogo, que también invito a ver, se quedó sólo en cinco. ¿Acaso son estos dos casos menos graves que el de Pepe? ¿Son de verdad merecedoras de ocho partidos de sanción la patada y el puñetazo de Pepe después de vistos estos dos casos?

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