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Gracias Juande

Alejandro Alcázar Alejandro Alcázar

Cuando llegó el ‘gallinero’ estaba revuelto. El equipo era quinto y las miradas mataban entre bastidores. Socialmente la tormenta estaba ya cayendo, pero Juande se remangó y se puso a la labor. A las segundas de cambio se llevó el primer bofetón con ese 2-0 en el Nou Camp, pero lejos de venirse abajo apretó los dientes para ordenar a un equipo que jugaba como 'pollo sin cabeza'.

 

 

Aplicó la ley del orden en base a que quien jugara tenía que defender. Una máxima que no cala en el Bernabéu, pero los resultados empezaron a levantar el ánimo del equipo y de una afición desorientada por la zozobra de un club que no sabía dónde iba.

Juande puso en órbita al equipo en la Liga, pero la segunda bofetada estaba por llegar: El Liverpool confirmó que el equipo no estaba para grandes hazañas y el revolcón no impidió que en la Liga el equipo siguiera sumando y sumando. Las críticas arreciaban y los pitos no dejaban de sonar por el fútbol de un equipo descosido por un sistema provocado por una equivocada planificación deportiva, y la asimetría en el campo daba la razón a su antecesor, Schuster, aunque con Juande el equipo sumaba y no restaba.

Y llegó el momento de la verdad, el bofetón definitivo ante un Barcelona que pasó como un fuera borda por el Bernabéu. Fue el último revolcón, aunque el trabajo de Juande había creado un colchón que aseguraba el segundo puesto. Un mal menor para una temporada para olvidar, que se salvó gracias a la labor de un entrenador que tuvo muchos defectos, pero que supo rentabilizar su trabajo a favor de un equipo y un club roto por los delirios surrealistas de unos dirigentes que hoy responden ante la justicia.

 

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