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La dura infancia del glamuroso Cristiano

José David López José David López

80.000 almas esperando al más grande desde primera hora de una de las tardes más calurosas de la capital madrileña, 93 millones de euros que justificar desde el primer día con una parafernalia inigualable, 10 millones de euros por año como losa que empezar a destrozar desde la primera foto hasta el primer grito madridista. Cifras desorbitadas, criticadas hasta la extenuación estos días y puestas a debate en cada rincón del mundo. Cristiano Ronaldo ya es blanco, ha costado, pero dice haber cumplido su sueño, el de su infancia y casi diría que el de su familia. No la que desde ahora le apoyará y enjuiciará cada domingo, sino la de sangre, la que le crió y formó como persona, como el crack que ahora es capaz de reciclar con su mirada todas las agonías madridistas de los últimos tiempos. Un seno cerrado donde la figura del icono futbolístico es mucho más que eso. Un círculo reunido en torno a un joven que desde su infancia demostró estar hecho de otra ‘pasta’, la de los mitos.

Y es que más allá de que Cristiano Ronaldo se haya ganado el derecho a ser el mejor jugador del mundo durante cada entrenamiento (trabaja durísimo y lo demostrará de blanco), para conocer realmente los movimientos o pensamientos del crack mediático del nuevo siglo hay que indagar muy mucho en su infancia. Parece un recurso ya suficientemente explotado cuando se habla de una estrella de esta índole pero el luso ha tenido multitud de momentos difíciles que, como si nos hubiera ocurrido a cualquier de nosotros, han generado cambios y perfeccionado su persona. Para bien o para mal, para ser adorado u odiado, para tener más o menos éxito pero, sobre todo, para crear al Cristiano que ahora vemos de salvador blanco. Un estereotipo alejado del glamour pero que ya acompañó al joven desde que decidió llegar al mundo.http://www.elenganche.es/wp-includes/js/tinymce/plugins/wordpress/img/trans.gif

Un solar, donde habitan personas sin hogar o aquellos jornaleros de los campos portugueses, es hoy la viva imagen del que fue el primer hogar de la familia Ronaldo. Allí, donde ahora sólo hay lugar para la suciedad, se crió el ‘hombre de oro’, en una casita de medidas diminutas que cada mañana limpiaba con esperanza su madre, la famosísima María Dolores (el nombre evidencia que el castizo en las familias no se limpia con todo el dinero del mundo) y que se encargaba de engalonar con flores y arbustos su padre, Dinis, un jardinero conocido en la barriada de su Funchal natal. El jefe de familia tenía serios problemas con el alcohol y pese a que el matrimonio tuvo cuatro hijos, el ambiente que soportaban aquellas provisionales paredes de uralita no era el más deseado cuando todos se reunían en torno a una mesa sin demasiados alimentos que echarse a la boca. Ayudados ocasionalmente por la iglesia de la zona, los Ronaldo tuvieron que confiar su escapatoria a los pies de su hijo menor, un pequeño ‘salvador’ cuyo nombre (Cristiano), ya denotaba una presión latente como efigie redentora.

El jovencísimo Cristiano decidió tomar esa vía sin retorno desde la ignorancia ya que un niño jamás es consciente de todo lo que significa para sus padres, más aún si éstos, como es su caso, necesitaban ayuda de cada miembro familiar para salir adelante. Se apuntó al Andoirinha, un club modestísimo que acogía a los niños más pobres de la isla y en el que colaboraba su padre. Allí fue conocido como el ‘abejita’ porque era debilucho, pequeñito pero muy rápido. Ese pequeño cuerpo, sin embargo, se armó de valor y reflejó un corazón enorme que luchó incansablemente por sacar a su padre de la botella y a su hermano Hugo de la droga (que para un niño casi hubiera sido el camino más fácil). Con 11 años ya estaba en Lisboa, se había auto-obligado a salvar a los suyos y decidió abandonar su pequeña isla en el Atlántico armado de fuerza aunque con momentos de debilidad como tantas veces ha admitido cuando soñaba con su madre por las noches. Fueron días complicados donde se gestó el carácter trabajador, luchador y victorioso de Cristiano, que fue capaz de gritarle a uno de sus técnicos en el Sporting (que sólo pagó 25.000 euros por él) cuando le reñía para mejorar: "¡A ver si me llamas así cuando sea el mejor del mundo!", dijo a Leonel Pontes de manera desafiante. Aquí ya ha avisado. Era una locomotora humana llena de sentimientos y con una meta muy clara pese a que, como todo niño, sufrió las burlas por ser madeirense su acento es diferente) y se volvió rebelde. Tanto, que cuentan que el club estuvo cerca de echarle. La solución fue llevar a su madre a la capital, a su lado, para que se calmara, serenara ideas y supiera seguir adelante.

Era valiente, luchador y sólo se apoyó en los suyos en momentos de bajón anímico, donde siempre aparecieron su cuñado José Pereira (cocinero pero organizador de ideas para el crack) y su madre, siempre María Dolores. El jugador la adora, la ama, la engalona de diamantes, perlas, coches de lujo y hasta aviones puesto que sabe reconocer aquellos días malos en los que el plato estaba medio vacío y su madre cocinaba en casas ajenas para llevar ese pan duro a la mesa. Aquellos días en los que ganaba 50 euros al mes, le dieron humildad, aunque ese dinero que fue en aumento desaparecía de sus manos para ayudar a su familia (con ellos pagó un tratamiento de desintoxicación para su hermano). En 2006, en una concentración con la selección de Portugal y ya como crack absoluto, encontró uno de los peores momentos de su vida cuando Scolari le dio la noticia de la muerte de su padre (no se marchó y jugó el partido, demostrando una enorme profesionalidad). No le pudo salvar de la bebida y desde entonces luchó con más fuerza por evitar desgracias para los suyos. Su hermana Liliana usa su apellido para promocionar su carrera como cantante, montó una empresa a su hermano Hugo y a la mayor, Elma, la colocó una tienda para promocionar su marca CR7 (ahora llevará el 9). El auténtico ‘salvador’ de la familia.

Una máquina de los gimnasios, amante de la comida sana, perfeccionista en su imagen y absoluto antitabaco, Cristiano siempre contó con un plus que le hacía fuerte respecto al resto. Se ganó a la hinchada de los leones lusos, se ganó su traspaso al Manchester United en un amistoso entre ambos equipos donde los jugadores mancunianos quedaron prendidos de su calidad y lo recomendaron a Ferguson y hasta le dio tiempo a ser el mejor del mundo cuando perfeccionó ese look de astro con esas cualidades innatas que el paso del tiempo y su desempeño le fueron regalando. Allí ganó todo, absolutamente todo, y no se cansó del fútbol sino que quiere seguir creceidno para ser el más grande de la historia y eso, al parecer, se consigue vesti de blanco.

Considerado el jugador más mediático por algunos estudios de mercado, Cristiano disfruta haciendo publicidad pero sabe alejarse (al menos en Inglaterra) de aquellos que intentan convertirlo en icono de la prensa rosa. En España, donde preocupa a muchos allegados, será el nuevo Beckham, tendrá que estar listo para sacar su carácter e inteligencia cuando los ataques le lleguen por tierra, mar y aire pero por encima de todo está su sabiduría. Le gusta la cámara, los focos y los elogios porque es un chico guapo pero nadie le ha regalado nada. ¿Y sino?, que pregunten por un solar de Funchal

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