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La tolerancia cero de Laporta

Rubén Cañizares Rubén Cañizares

El pasado lunes Zlatan Ibrahimovic fue presentado (en un acto calamitoso y esperpéntico desde el punto de vista organizativo) como nuevo jugador del Barcelona. El sueco, ante casi 50.000 aficionados blaugranas, recibió un baño de masas que muchos interpretaron luego como barra libre para el gamberrismo, el vandalismo y la violencia. Y lo que es peor, para la intolerancia y el fanatismo.

Nuestros compañeros de Cuatro emitieron ayer en su informativo de mediodía unas imágenes repugnantes. Los cámaras de dicha emisora cazaron en una de las gradas del Camp Nou una cobarde y mezquina agresión a un seguidor del Real Madrid. El chaval, que ni siquiera aparenta tener la mayoría de edad, acudió a la presentación de Ibra con una camiseta del Real Madrid. Este simple hecho fue su delito.  ¿El castigo? Una vil y miserable azotaina por parte de varios energúmenos, con cero materia gris en su cerebro, seguidores del Barcelona.

Primero, un adolescente que pesaba dos o tres veces más que la víctima que, por cierto, tenía el brazo izquierdo, desde el codo hasta la muñeca, escayolado, se lía a mamporros con el seguidor madridista destrozándole la camiseta y alcanzándole la cara en varias ocasiones. Mientras tanto, las personas de alrededor intentan media en la pelea, pero parece que les pone eso de ver a un culé darle una buena zurra a un madridista. Hacen el paripé por unos segundos y enseguida permiten que el obeso aficionado blaugrana le siga repartiendo al madridista por todos los lados.

El chaval, harto de tanto golpe, decide que ya ha recibido suficiente y se marcha escaleras arriba tras comprobar la ‘tolerancia’ de dicha afición. En su camino de huída decide no amilanarse, una vez más (insisto, estaba con un brazo roto), y besa el escudo de la camiseta del club de sus amores, pero este hecho le sirve para recibir otra agresión, esta vez aún más cobarde. Un adulto sentado en una butaca muy cercana a la escalera por donde el seguidor blanco abandona la grada del Camp Nou, le lanza un puñetazo al rostro de la víctima y se achanta como un gallina entre los aficionados a su alrededor para evitar una respuesta a su vil y ruin golpe.

24 horas después de salir a la luz dichas imágenes, nadie del club azulgrana, ni por supuesto Laporta, su máximo dirigente, ha dicho esta boca es mía sobre tan deleznable suceso. Lo mínimo sería pedir el vídeo a Cuatro e investigar si los agresores y los cómplices son socios del Barcelona, expulsándolos de inmediato si así fuere. Pero eso ni ha sucedido ni va a suceder. Ni por supuesto se formará ningún escándalo mediático. Ha pasado en el estadio del Barça y contra un seguidor del Madrid. Eso no vende. Y no se puede criticar. Sería una ofensa de la prensa centralista contra Cataluña y su club de referencia. Así que a otra cosa mariposa.

Así es Laporta. Un presidente fariseo donde los haya. Eso sí, lleva bien orgulloso el haber echado del Camp Nou a los hinchas radicales y violentos, o lo que es lo mismo, a los Boixos Nois. Quizás, se le ha pasado que entre los supuestos pacíficos aficionados hay más de uno, de dos y de tres que no pertenecen a un grupo ultra pero que son aún más cazurros y mentecatos. Pero claro, esos dan palizas a seguidores del Madrid y en Cataluña hace mucha gracia. Esa es la tolerancia cero de Laporta.

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