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La desvergüenza de Platini y Berlusconi

Alejandro Alcázar Alejandro Alcázar

Me hace muchísima gracia ese tropel crítico que ha inundado los espacios futbolísticos. Entendería que se cuestionasen los modelos que imponen algunos clubes por la prensa no especializada en deporte o, concretamente, que no basara su contenido en el fútbol. En sus dianas sitúan las políticas de fichajes de clubes como el Real Madrid o el del Manchester City, incluso del Barcelona tras gastarse más de 90 kilos virtuales en Ibrahimovic.

Pero más me llama la atención que se critiquen estos modelos hasta el punto de hacer sangre con ataques repletos de saña y mal gusto de medios que viven del deporte rey. El fútbol sujeta un entramado financiero descomunal. En España sólo su impacto profesional supone cerca del 1’7% del PIB nacional. Por eso es de recibo que cada cual ofrezca su opinión desde la mesura siendo conscientes que esas inversiones individuales mejorarán la Liga española y ojalá sean  rentables porque aseguraría una bonanza deportiva y económica.

Por eso me extraña que organismos como UEFA y FIFA sean los que critiquen las descomunales inversiones que hacen los clubes. Platini, por ejemplo, dijo de las inversiones de Florentino: “Estoy avergonzado, es indecente”. Él y los que le acompañan son los principales beneficiarios de lo que genera el deporte rey en el mundo. Con unos sueldos que escapan a la mayoría de los mortales, y cuyos movimientos estratégicos siempre los dirigen para enriquecerse más y más. Vamos, que los clubes ponen el circo y ellos la mano.

También que haya personajes como Berlusconi, acosado por los escándalos personales como presidente de la República, que salte a la palestra para criticar una política que él puso de moda: fichar a las estrellas de los equipos rivales al precio que sea para ser más fuertes y debilitar a sus enemigos. La hipocresía de este personaje le acabará pasando factura tanto en las urnas como ante su afición. Y si no al tiempo.

Ya se sabe lo que ocurre cuando uno escupe hacia arriba, tarde o temprano la gravedad impone su ley. Por eso me llama la atención que en lugar de vender ilusión con fichajes como el del sueco o el del portugués, la propia gente del fútbol entre en una agresión permanente cuando resulta que todos esos movimientos lo único que aseguran es que este deporte les siga haciendo disfrutar, les siga dando de comer o rodeándoles de lujos reservados sólo a multimillonarios. A unos, como a los fifos y uefos, mejor que a otros.

 

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