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"¡Al loro, que no estamos tan mal!"

Alberto Piñero Alberto Piñero

Prácticamente un año y ocho meses después, creo que el pasado martes buena parte del madridismo volvió a disfrutar viendo un partido del Barcelona. “A las once pesaba dos kilos más que al principio del partido de lo henchido de felicidad que estaba” me decía ayer mi amigo Andrés. Un mensaje que, aunque fuera con otras palabras distintas, ya me había llegado antes de parte de otros amigos y aficionados madridistas. Y no es para menos, no en vano era la derrota más abultada del Barcelona desde que Guardiola tomó las riendas del equipo, y parece que ya había ganas de verles hincar la rodilla en un momento clave de la temporada. Eso sí, creo que el aficionado madridista y el interista harían mal en cantar victoria antes de tiempo.

Hay que evitar que la euforia impida ver el bosque, y es que el que piense que el Barcelona está muerto, creo que tiene muchísimas probabilidades de equivocarse. Es cierto que en la misma semana sólo ha podido empatar contra el Espanyol y perder contra el Inter de Milán, pero este equipo ha dado muestras suficientes de poder ganar los cinco partidos restantes de Liga, remontar a los de Mourinho en el partido de vuelta, y dejar así a madridistas e interistas con la miel en los labios, por lo que no habría que subestimarles. Y es que tanto los jugadores del Espanyol como los del Inter de Milán cuajaron sendos partidos impecables ante el Barcelona, pero en cuanto al equipo culé le tiendes un poco la mano, te coge todo el brazo sin que puedas frenarle.

Porque no se equivoquen, más que por el planteamiento táctico, pericos y neroazzurri doblegaron al Barcelona por el buen hacer de los futbolistas. No hay que ser muy ducho en el deporte rey ni llamarse Mourinho y ser el entrenador que más cobra del mundo para saber que una de las mejores formas de incomodar a un equipo que toca tanto y tan bien en el centro del campo es presionando arriba para evitar que salgan cómodos, y asfixiar con muchos apoyos a sus jugadores de más calidad como Xavi, Messi y antes Iniesta. Ahora, lo que es realmente difícil es que los once jugadores aguanten todos y cada uno igual de concentrados y corriendo durante los noventa minutos. Cosa que sí que se vio en Cornellá y en el Giuseppe Meazza, y que por otra parte, ojalá se repita en sus próximos seis partidos por el bien del madridismo.

Eso sí, por otra parte lo que creo que sí es de reprochar al conjunto culé más allá de los pinchazos, y no quiero dejar escapar la oportunidad, es su actitud tras los partidos. Y es que parece que siempre tienen que buscarle un culpable externo a la derrota. Cuando no es el árbitro es la caverna mediática, y cuando no, el sursuncorda. En Cornellá, Guardiola ya se fue recriminándole al cuarto árbitro en el túnel de vestuarios la actuación de los colegiados, y lo del martes en Champions fue de órdago con todos los jugadores criticando al árbitro y Xavi insinuándole a Mourinho que el trencilla les había favorecido porque era portugués. Al Madrid por mucho menos se le crucifica públicamente cada vez que pasa algo similar (y si no, recuerden los palos que se llevó Mijatovic el año pasado), y el Barcelona no debería ser tratado con mayor benevolencia a pesar de lo mucho que se ha vanagloriado ese seny en este último año y ocho meses. Porque claro, es mucho más fácil ser perfecto cuando ganas siempre y todo te sale bien, pero también hay que dar tu lado bueno cuando se pierde.

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