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Sí a un Gran Hermano en el fútbol español

Alberto Piñero Alberto Piñero

Hace relativamente poco tiempo leí una columna en El País del siempre sorprendente John Carlin. Fue hace poco tiempo porque en realidad la tengo ahí guardada para releerla cada vez que me veo preso de la desesperación. La columna se titula “La insoportable indignidad de ser periodista” y explica a la perfección en qué consiste éste, nuestro trabajo. Y precisamente porque soy incapaz de mejorar lo que él escribió, yo no lo voy a intentar repetir. Aunque sí que me permito recomendárosla encarecidamente para entender un poco mejor este mundo del deporte y el espectáculo. E incluso, si tuviera a John Carlin enfrente, le sugeriría que añadiera a ese artículo recientes ‘jaimitadas’ en la profesión como poner en portada la opinión de una periodista como Sara Carbonero (insisto, periodista antes que novia de nadie), o algunas otras indignidades del periodismo como la excesiva tardanza en los cobros de los sueldos, las cuentas en B de algunas empresas, las actitudes miserables de algunos jefes y otras muchas maniobras carroñeras de las que podría dar buena cuenta.

Es por ello que cuando surgen a la luz nuevas propuestas como la del llamado Gran Hermano italiano, uno quiere ver un halo de esperanza abrirse paso entre todas las puertas cerradas. La idea no es nueva, pero sí es novedad que se aplique al fútbol y en Europa. Se trata de introducir una cámara en los vestuarios de los equipos poco antes del inicio de los encuentros y es obra de Sky Italia, en plena guerra de audiencias con Mediaset. Es apenas un minuto el que se deja grabar, pero suficiente. Porque más allá de que sea más o menos tiempo supone una ruptura de las tradiciones, y un camino que otros podrían seguir. O incluso ampliar, con entrevistas dentro del propio vestuario al finalizar el encuentro, como en la NBA o en la NFL.

La tendencia en los últimos tiempos es a ‘emburbujar’ cada vez más a los futbolistas, entrenadores y directivos. Y los que con la boca dicen que un club es de los socios y que hay transparencia, son los mismos que con la mano están cerrando ventanas y puertas a los encargados de transmitir la realidad a esos socios y aficionados, esto es, a los periodistas. La excusa es que necesitan concentración y evadirse de las alteraciones externas, pero la realidad es que hay infinidad de ejemplos que dicen lo contrario. O acaso el Alcorcón no dio el año pasado cientos de entrevistas hasta poco antes de enfrentarse al Madrid y luego consiguió eliminarlo. O no hay cámaras en las plazas antes de que el torero entre a jugarse la vida ante un toro. O no hay periodistas en la NBA cuando el entrenador da la charla a sus jugadores. O acaso alguien cree que los futbolistas no hablan de sus cosas en los hoteles de concentración, en el vestuario antes de un partido, o incluso en el pasillo antes de saltar al campo. Entiendo que un vestuario, un equipo, un club incluso no puede convertirse en una estación de metro, y que existen muchos informadores que no son ni rigurosos ni respetuosos ni éticos. Pero al final, el futbolista que tiene afán de protagonismo lo seguirá teniendo, y el que necesita una concentración y un aislamiento superlativos, sabe encontrarlo. Haya o no haya periodistas. Haya o no haya cámaras.

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