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La diferencia entre tridente y trivote

Alberto Piñero Alberto Piñero

La RAE define el trío como el conjunto de tres personas, animales o cosas. Sin embargo, en el fútbol no hay tríos aunque se hable de tres jugadores juntos. Se habla de tridentes. O de trivotes en su defecto. Que aunque parezcan lo mismo y hayan nacido los dos en una redacción de un medio deportivo, no es igual. Un tridente lo forman Ronaldo-Higuaín-Benzema, o Messi-Villa-Pedro, o incluso Xavi-Iniesta-Busquets, jugadores todos ellos talentosos, de los que llenan las portadas de los periódicos y son determinantes para resolver un partido. Y el trivote lo forman jugadores de corte más defensivo, de los de segunda línea y trabajo invisible. Como por ejemplo el que forman Emerson-Gago-Diarra, o mismamente Xabi-Lass-Khedira, que es la segunda versión madridista de este esquema táctico. Retomada por cierto después de cuatro años en el cajón.

Ha sido Mourinho el que ha rescatado el trivote para el madridismo después de que Capello lo utilizara la campaña 2006-07. Una fórmula de la que, sinceramente, no soy muy devoto. Y es que si para la misión de defender y dar equilibrio ya un doble pivote parece excesivo en muchos partidos (como ante el Levante sin ir más lejos), tres son una multitud innecesaria. A no ser que se trate de un tridente en el sentido que había sido definido anteriormente, claro.

No hay discusión al decir que el Madrid no tiene el mismo tipo de jugadores que tiene el Barcelona, y que por tanto a día de hoy es imposible componer los tridentes que puede construir Guardiola y jugar con el mismo estilo que juegan ellos. Pero eso sí, a priori, parece de cajón de madera de pino que será más fácil jugar bonito con futbolistas de los llamados talentosos, que no con futbolistas de los llamados tarugos –siendo ya explícito-. Sea con el dibujo que sea. Y quedó demostrado el pasado martes en el partido ante el Auxerre con la salida de Di María y Özil al campo.

Pero dicho esto, y con una vela ya puesta para que no se repitan los trivotes en más ocasiones de las necesarias, es de recibo apuntar que el Madrid mejoró en la Liga de Campeones con respecto a los partidos precedentes en Liga. No quiere decir que fueran brillantes ni mucho menos, pero sí que hubo automatismos en ataque que no se habían visto antes, con Marcelo y Arbeloa subiendo más al ataque que en todos los partidos anteriores juntos por ejemplo, o con Lass entrando en paredes hasta casi la cocina. Y en defensa, la presión en campo contrario fue asfixiante al máximo durante toda la primera parte. Infinitamente mejor que en otros partidos aunque antes se vendiera la solidez defensiva por el simple hecho de no haber recibido goles. La pena fue que en la segunda parte se perdió gran parte de esa tensión y esa movilidad, y la sensación tras el partido fue más de incapacidad reiterativa que de progresión. Pero creo no necesitar de manicomios si afirmo que el Barcelona no jugó mejor que el Madrid ante el Rubin Kazan, y que encima consiguió peor resultado. Aunque luego en Barcelona se venda como un “puntazo”, y en Madrid sólo se vea a un salvador puntual. Pero bueno, esas historias de colonias y filósofos como dirían algunos merecería otro debate aparte…

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