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La hipocresía se viste de azulgrana

  • "La imagen de club humilde creada por el Barcelona sirve para justificar sus malas acciones"
Diego Vargas Diego Vargas

El Real Madrid ha dado un golpe sobre la mesa al hacerse con la Copa del Rey, imponiéndose al Barcelona y demostrando que no hay nadie invencible. El FC Barcelona, desde la directiva, cuerpo técnico y plantilla se había dedicado a calentar el ya conocido como “rally de clásicos”, escudado en su imagen de humildad. Pero parece que por fin podremos quitar esa careta al club azulgrana y mostrar la verdadera cara de gran parte de los componentes del club catalán.

Los medios de comunicación se han empeñado durante los últimos años en señalar al Real Madrid como el malo y al Barcelona como el bueno por el comportamiento de sus miembros, más allá de las consideraciones futbolísticas. El Madrid como el antipático, por ir de frente; y el Barça como el simpático por ser hipócrita. La imagen de club humilde que se han creado los culés en la últimas temporadas, fruto probablemente del buen juego desplegado, ha generado excusas para cada una de las manifestaciones prepotentes y soberbias de los barcelonistas, para cada una de sus malas acciones.

Éstas comienzan desde arriba, por parte del presidente Sandro Rosell, que en un acto benéfico no tuvo reparos en vaticinar una nueva manita para los suyos en la final de Copa del Rey, ésa misma que posteriormente se teñiría de color blanco: “diremos un 5-0, para no perder la costumbre”. Dichas declaraciones levantaron una gran polémica y, más tarde, el máximo mandatario culé hubo de rectificar alegando que cuanto mayor fuera la apuesta, más ganaba la causa. Lo de “no perder la costumbre” no tenía nada que ver con la prepotencia ni nada por el estilo, por supuesto.

Desde más abajo también han llegado declaraciones que demuestran una soberbia fuera de lo común, como las hechas por Guardiola antes de superar al Shakhtar en cuartos de final de Champions: “Si eliminamos al Shakhtar estamos en la final”. Traicionado por el subconsciente, debió olvidar que aún le quedan dos partidos para llegar a Wembley.

Pero esto no nos debe sorprender. La falsa modestia del entrenador del Barcelona alcanza también a los miembros de su plantilla: desde el famoso anuncio publicitario de los autobuses de la ciudad condal hasta las mofas de Piqué en el túnel de vestuarios del Bernabéu, pasando por el balonazo de Messi a un aficionado madridista.

Malas acciones que se justifican porque el club no es responsable, porque Piqué ha ganado Eurocopa y Mundial con España y ha demostrado sentir la Roja o porque Messi es tan bueno que no se le puede criticar cuando hace algo mal. ¿Quién da más?

Todos se esfuerzan en parecer humildes, en parecer unos santos y no levantar sospechas. Pero de vez en cuando aparece la bestia, esa baja calaña que caracteriza a más de uno en Can Barça. Por este motivo me alegro aún más de que el Madrid superara al Barcelona en la final de Copa. Aunque parece ser que el triunfo madridista tiene poco valor para los culés, que ahora pretenden hacernos creer que el torneo del K.O. es menos importante que otros, o que el Madrid ganó sin jugar al fútbol.

Ese mal perder que ha caracterizado siempre a los culés aparece de nuevo, y aunque ahora vuelvan a ir de humildes sólo hace falta que superen al Madrid en semifinales de Champions para que el lobo vuelva a deshacerse de la piel de cordero. Por este motivo el Real debe dar la bofetada definitiva y acabar con este Barcelona que, por muy bueno que sea, no es quién para creerse mejor que nadie.

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