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Cristiano y la mejoría de Jordan

  • Cuando veo jugar a Cristiano no puedo evitar recordar al Michael Jordan de los primeros años en los Chicago Bulls.
Carlos Carrasco - La Opinión
Carlos Carrasco - La Opinión Carlos Carrasco - La Opinión

“Una canasta hace feliz a una persona mientras que una asistencia hace feliz a dos”. Esta frase, que se  atribuye a Toni Kukoc uno de los mejores jugadores de la historia del baloncesto europeo, ejemplifica perfectamente el valor que tiene la solidaridad en los deportes colectivos. Y, ¿que tiene que ver esto con Cristiano? Mucho. Tanto, como la diferencia que existe entre una estrella y una leyenda del fútbol.

Cristiano Ronaldo es un jugador superlativo. A sus innumerables cualidades físicas y técnicas une un espíritu competitivo inigualable, una ambición sin límites y una voracidad de cara a portería como pocas veces se recuerda en el panorama futbolístico. Virtudes que le hacen ser alguien temible para los rivales, un jugador capaz de condicionar el esquema del equipo contrario, pero también el del suyo.

Porque Ronaldo peca de individualista en muchas ocasiones. En su afán por hacerlo todo y echarse el equipo a la espalda abusa del disparo a portería, monopoliza el lanzamiento de faltas, opta por la jugada personal en lugar de pasarla al compañero mejor situado o se empeña en un juego demasiado vertical que termina en una oportunidad fallida que, en ocasiones, no beneficia al conjunto.

Por eso, cuando veo jugar a Cristiano no puedo evitar recordar al Michael Jordan de los primeros años en los Chicago Bulls, un jugador de condiciones físicas muy similares a las del luso (cada uno en su deporte, claro), que establecía récords individuales de anotación cada noche, pero al que nadie vio capaz de ganar un campeonato .

Hasta que llegó el recientemente retirado Phil Jackson al banquillo de Chicago. El llamado “maestro zen” supo inculcar en su estrella la idea de que para ganar todos los títulos necesitaba compartir el balón y ceder cierto protagonismo a sus compañeros en algunos momentos clave. Sin abandonar su status de estrella lo hizo...¿El resultado? Todos lo sabemos. Seis anillos de la NBA, jugadas individuales y colectivas para el recuerdo y la consideración del planeta como uno de los deportistas más brillantes que se han visto nunca. El '23' experimentó una mejoría que se notó en su juego y en su efectividad para ganar campeonatos. 

Ahora es el turno de Mourinho y Cristiano. Si el técnico de Setubal puede convencer a Ronaldo de que tire menos a portería, brille más por sus pases que por su número de tantos anotados y sepa observar las jugadas que a través de una asistencia finalizan el gol (como ya hiciera durante alguna campaña en el Manchester); el Santiago Bernabéu disfrutará del mejor jugador del mundo y también de uno de los mejores de la historia.

 
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