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Oda a Özil

  • La magia en el Bernabéu tiene nombre propio, Mesut Özil
Christian Díez - La Opinión
Christian Díez - La Opinión Christian Díez - La Opinión

Con el comienzo de la pretemporada blanca, me gustaría hablar de una de las piezas fundamentales del Real Madrid del curso pasado, Mesut Özil, al que esta temporada le toca graduarse alzando algún gran título. Mesut se erigió la campaña pasada como el director de orquesta merengue, el encargado de llenar de magia el fútbol blanco y lo mejor de todo es que, a sus 22 años, su historia en el Real Madrid no ha hecho más que comenzar.

Sé que comparar a Özil con Zidane son palabras mayores, pero, por momentos, la temporada pasada la alargada sombra del francés para mis ojos se volvió a pasear por el césped del Santiago Bernabéu, pero esta vez con acento alemán. Un tímido futbolista germano de 21 años desembarcaba el pasado verano en la entidad blanca con la vitola de ser una de las figuras más prometedoras del fútbol teutón de las últimas décadas, algo que pronto demostraría a la afición blanca. De padres turcos, Mesut creció en una humilde barriada de Gelsenkirchen, donde hoy, casualidades de la vida, uno de los más grandes futbolistas de la historia madridista, Raúl González Blanco, disfruta de sus últimas bocanadas de fútbol.

El 17 de agosto de 2010 Özil llegaba a Madrid tras pagar los blancos 15 millones de euros por su traspaso, cifras que a día de hoy me parecen toda una ganga para las arcas del conjunto merengue. En un año el precio de mercado de Özil se ha multiplicado por dos, según el prestigioso portal alemán Transfermarket, y estas cifras siguen en aumento, lo que ratifica una vez más la gran estrategia de futuro que está llevando a cabo el Real Madrid. Mesut llegó a la disciplina blanca con la pretemporada casi finalizada, pero Mourinho tenía un plan específico para el alemán. En muy poco tiempo el ex del Werder Bremen desplazó al ostracismo al que se dibujaba como la gran promesa merengue, Sergio Canales.

Mucho se dudó al principio de la adaptación del germano a la disciplina blanca. Nueva ciudad, nuevo idioma, nuevos compañeros, falta de fondo físico, endeblez en el campo… pero nada pudo con Özil. Mourinho mimó como nadie al futbolista, sabía que entre sus manos tenía un diamante en bruto al que solo le faltaban un par de retoques para convertirle en un ser único. El luso dosificó a Mesut, y poco a poco, el alemán le devolvió las esperanzas otorgadas a su míster con fintas, controles y regates que a jugadores como Álvaro Domínguez o Tiago les hizo perder por momentos las caderas.

Sí, estoy enamorado del fútbol de Özil, pero es que ahí están los números para reafirmar mis opiniones. El futbolista de origen turco vistió hasta en 62 ocasiones la camiseta blanca la temporada pasada, regalando 27 pases de gol y convirtiendo él mismo 12 tantos. Así, la campaña pasada se convirtió en el mayor asistente del equipo, el jugador con más victorias en un debut en liga y fue el cuarto jugador de campo que más goles consiguió, el primero en la lista si no hablamos de delanteros. Vamos, un ejemplo a seguir para los que llegan esta temporada.

Algunos tacharon al futbolista de no rendir en los grandes partidos, por eso este próximo curso tendrá que demostrar que el periodo de adaptación ha pasado y que puede conseguir ser aún más grande. Todas mis esperanzas están puestas en Özil, él tiene que ser la fantasía en el campo, el toque y la profundidad, el encargado de marcar las normas del ataque madridista, el que nos lleve a volver a la senda del triunfo en España y en Europa.

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