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La importancia del todo

  • "La mayoría de jugadores del Real Madrid comienzan a sentirse parte de un núcleo, algo que antaño no sucedía"
Felipe de Luís - La Opinión
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Bien, parece que todo regresa paulatinamente a la normalidad. Tras siete jornadas (que en realidad son seis), la clasificación va recobrando su color natural, para dejar atrás ese tono extraño que a muchos hacía sonrojar. No nos engañemos, la Liga seguirá siendo cuestión de dos. Aunque el verdadero maratón aún no se ha iniciado, ha quedado patente que la solvencia en la victoria no va a ser una constante. En esta batalla entran en liza dos plantillas, dos vestuarios. La pelea va más allá de CR, Mou, Guardiola o Messi.

En estos primeros compases de la competición doméstica, nos hemos encontrado con gratificantes sorpresas, que  han servido, en parte, para taponar la vehemente irrupción de los que vaticinaban la famosa ligademierda. La bipolaridad saldrá a la luz más temprano que tarde, pero al menos el veranillo de San Miguel nos ha hecho volver a recordar otros tiempos.

La actual tabla de clasificación en Primera muestra a varios humildes aferrados al imposible. El veterano aunque poderoso Málaga de Pellegrini ejerce de excepción, rodeado de humildes como el Levante. Muy poquito se le debe de echar de menos a Luis García, toda vez que Juan Ignacio Martínez ha logrado un tercio de la salvación en seis encuentros. Anécdotas aparte, el Barcelona ya comanda la Liga, con el Madrid acechando como acostumbra. Ambos se han dejado puntos inesperados en este arranque, pero ambos tienen- me atrevería a decir- la obligación de distanciarse sobremanera del resto de los mortales.

Tras el próximo parón a causa de las selecciones, se instala la vorágine de encuentros para los dos gigantes. Liga, Champions, Copa… Partidos entre semana unidos a los del sábado y el domingo. Non stop. Es por ello que la gestión de la plantilla cobra ahora suma importancia. Obviamente, hay jugadores que marcan distancias, pero la Liga se la va a llevar, en cualquier caso, un equipo.

Mourinho lleva trabajando sin descanso en pos de un objetivo que le ha llegado a obsesionar: la unión del vestuario. Y a excepción de unos cuantos lunares (Pedro León como máximo referente), lo está consiguiendo. La mayoría de jugadores comienzan a sentirse parte de un núcleo, algo que antaño no sucedía. Sirva como muestra el discurso de Arbeloa el otro día.

Y es que en cuanto Mou divisa cualquier riesgo de fragmentación o descontento, corre raudo y veloz a apagar las llamas. Desde la pretemporada se ha especulado con la salida de Albiol, así que han sido muy importantes para el zaguero sus participaciones como titular en las goleadas ante Rayo y Espanyol. Similar fue el caso de Lass. Después de ser carne de permuta en el primer acto ante los vallecanos, Mourinho vuelve a situarle como titular en Cornellá. Otra más: Higuaín iba a jugar sí o sí ante el Espanyol, pero el técnico afirmó en rueda de prensa que quizás también hubiese sido de la partida aunque Benzema hubiera estado en condiciones. Son pequeños detalles que evitan posibles fracturas. El rendimiento de un trabajador siempre será mejor si se siente partícipe de un grupo, si siente que es parte de un todo. Y es que aunque muchos se nieguen a verlo, los títulos los siguen ganando los equipos.

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