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Un detalle capaz de cambiarlo todo

  • "Lo realmente importante es que, tras diez partidos, este equipo ya sabe cuál es la fórmula"
Jaime de Carlos - La Opinión
Jaime de Carlos - La Opinión Jaime de Carlos - La Opinión

El miércoles el Madrid cayó eliminado. Y encima, contra el Barcelona. En cualquier otra situación el disgusto hubiera sido mayúsculo. Pero esta vez acabé satisfecho. Casi hasta contento. Y poco me importó que Mourinho y este equipo me dieran toda una lección, demostrándome que tienen mucho más fútbol en su botas del que podía llegar a pensar. Hace unos días me equivoqué al defender que el trivote era la solución a los problemas del Madrid con el conjunto catalán y ahora estoy encantado de haberlo descubierto. Porque el miércoles quedó claro que este equipo está capacitado para hacer algo grande, para empequeñecer al Barcelona como nunca nadie lo había hecho en los últimos cuatro años. Pero solo si aplica un concepto, una idea de juego que es capaz de cambiarlo todo.

Por lo visto, el 4-3-3 defensivo no es el único camino ni imprecindible para ser mejores que los azulgranas. Solo es una opción. Así que rectifico y de buena gana. Pero hay algo que también mencioné hace unos días y que en el último partido se destapó como fundamental. La presión. Algunos de los lectores me llegaron a comentar en mi anterior artículo que entendían que yo estaba diciendo que los jugadores del Real Madrid no tenían ganas de vencerle al Barcelona. Nada más lejos de la realidad. Yo solo les he achacado en partidos concretos una falta de actitud, de presión, de intención de ir a robarle el balón a los de Guardiola agobiándoles y asfixiándoles en su propio campo. Esto no se hizo en el Bernabéu y pasó lo que pasó. En el Camp Nou sí, y todo fue distinto.

Hay un detalle que ha tenido lugar en dos de los tres últimos partidos entre el Madrid y el Barcelona y sobre el que pocos han reparado. En el Clásico liguero del pasado 10 de diciembre, el gol de Benzema llegó a los 15 segundos de juego después de una pérdida del Barcelona por la magnífica presión realizada por los delanteros madridistas. El miércoles pasado, también a los 15 segundos Higuaín se plantó solo ante Pinto por un error causado por la agresividad inicial de los blancos. Dos jugadas casi calcadas que son una plasmación del punto débil del Barcelona: su bloqueo ante un equipo que les muerde en la posesión del esférico, que no les permite pensar y sobar la pelota.

A Mourinho le han llovido muchas críticas por su planteamiento del partido de ida. Lo de Carvalho y Altintop es algo que no han digerido aún numerosos aficionados, aunque es probable que, con estos o con otros, se hubiera perdido igualmente. El gran dolor fue ver al Real Madrid con miedo en su propio estadio, asustado ante el Barcelona. Una táctica tosca y fea, que despreciaba el balón. La cuestión es que el portugués la hizo con una intención muy clara, no encajar goles en casa. Para él, las eliminatorias de 180 minutos se deciden normalmente en la vuelta, especialmente si ésta se juega fuera de casa. Por eso planteó distintos el partido de Liga y el de Copa en el Bernabéu, aunque con resultados similares. En el de Copa decidió  defender con las líneas atrás, sin dejar espacios, sin presión arriba. Justo lo que dio resultado el miércoles. Sacrificó la entrega y el derroche físico por no correr riesgos, lo que pasa es que le salió mal por dos errores defensivos. Algo que no sirve para justificarle, pero sí para entenderle.

 

A ello hay que sumarle que los jugadores se encuentran incómodos jugando así ante su parroquia. Se sienten más presionados, con mayor responsabilidad, extraños al no poder ir al ataque como hacen siempre que están en el Bernabéu. En cambio, en el Camp Nou todo cambia, pues en esos partidos es cuando los futbolistas saben qué es lo que toca: arriesgar y salir arriba a morder al Barcelona. Es curioso, pero lo cierto es que hoy por hoy, jugar un Clásico en casa es un lastre para el Real Madrid.

Pero lo realmente importante es que, tras diez partidos, este equipo ya sabe cuál es la fórmula. Ahora, cada vez que se pregunte "¿Cómo podemos ganarle al Barcelona?" podrá coger el vídeo del último Barcelona-Madrid de Copa del Rey y seguir sus pautas. Aunque pocos lo hayan dicho, Mourinho tiene también mucho mérito porque por fin ha encontrado la tecla, el punto débil del equipo de Guardiola. Nadie le había tuteado así a este equipo en cuatro años. Así que ha costado mucho, pero la solución a la ecuación está ahí. En sus manos queda usarla cuando llegue el momento, en el próximo de Liga y, quién sabe, quizás en la Champions.

De lo que tengo pocas dudas es de que esta Liga pinta en blanco. Evidentemente que aún queda mucho por jugar y no está ganada, pues hay que huir de prontas euforias. Pero desde el primer momento he pensado que la Copa del Rey era un aspecto secundario que no debía tapar lo verdaderamente importante. La competición del K.O ya se ganó la temporada pasada, saciando 18 años después una deuda del club con la historia. Lo que el curso pasado sirvió para paliar la carestía de títulos, esta no hubiera sido suficiente. Así que, en vista de que no se ha podido, dejemos que en Barcelona se cansen luchando domingo y miércoles por este torneo mientras ven cómo van pagando en forma de lesiones el esfuerzo físico. A estas alturas solo tienen 14 jugadores sanos en la plantilla, han jugado más partidos que nadie y están en tres competiciones... Un contexto bajo el que no parece muy descabellado recordar la frase que dice que, quien mucho abarca, poco aprieta.

 

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