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Llorar, el camino corto para ganar

  • "En el deporte se aplica a la perfección ese dicho de ‘quien no llora no mama’. Caja Laboral lloró tras el segundo partido de la serie y la reacción de los árbitros a ese lloriqueo fue masacrar al R.Madrid en el tercero"
David Jorquera - La Opinión
David Jorquera - La Opinión David Jorquera - La Opinión

Vaya por delante que no pretendo dar lecciones de moralidad ni de comportamiento. Yo no soy un profesional que vive del deporte, o al menos no de la forma directa en la que lo hacen los deportistas profesionales, pero lo que hay que tener es un poco de sangre para llamar a las cosas por su nombre. Y digo esto porque todavía sigo alucinado con el arbitraje que recibió el Real Madrid de baloncesto en Vitoria. Fue cómico ver que cuando el Madrid estiró el chicle de su ventaja, se lo quitaron de mala forma unos señores vestidos de color naranja, que no sólo le pincharon el globo, sino que le dejaron contra las cuerdas en la eliminatoria por el título.

Y es que parece que en el deporte, por desgracia, se aplica a la perfección ese dicho tan manido de ‘quien no llora no mama’. Caja Laboral lloró tras el segundo partido de la serie, en el que perdió, lógicamente. La reacción de los árbitros a ese lloriqueo fue masacrar al Real Madrid en cuanto hubo conato de victoria blanca en Vitoria. Acción – reacción, que se dice. Por eso, no me gustó nada, y lo digo bien claro, que el entrenador del Real Madrid, el señor Laso, no levantara la voz como habría merecido la ocasión después del partido. Tirar de las frases ‘no hablo de árbitros’ o ‘si me preguntas por ello es que algo hay’ está muy bien para quedar bien y no manchar la corbata, pero el club y, sobre todo la afición, merecían que el entrenador del Real Madrid se hubiera comido el micrófono en la sala de prensa del Buesa Arena. Es lo mínimo que se podía esperar tras lo que tuvo que tragar la Institución en el partido del martes: faltas inventadas, descalificación bochornosa de Begic, Prigioni agrediendo por detrás, como los cobardes, sin recibir la más mínima penalización por ello, etc. Menos mal que Juan Carlos Sánchez, Jefe de la sección, tuvo las narices de decir lo que toda la afición pensaba, que el arbitraje recibido por el Madrid en Vitoria había sido “una vergüenza”.

Es evidente que el arbitraje se ha convertido en un factor diferencial en el baloncesto de hoy en día. Si un árbitro quiere echarte por cinco faltas en dos minutos lo puede hacer tranquilamente, puesto que con soplar en la nuca al rival ya te penalizan. Para mí, la obsesión por pitar faltas está afeando en exceso un deporte en el que deberían permitirse muchísimos más contactos. Eso sí, lo que no puede permitirse es que para un lado se señale como falta el vuelo de una mosca y en el otro se agache la cabeza tras un placaje de rugbi. La labor arbitral implica ser justo, y el martes con el Real Madrid los hombres de naranja no lo fueron. Veremos a ver qué pasa esta noche. Se admiten apuestas.

 

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