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Benzema, ahora o nunca

  • "No solo el balón está fallando estos días al futbolista. También la cabeza. Porque Benzema se está equivocando mucho"
Jaime de Carlos - La Opinión
Jaime de Carlos - La Opinión Jaime de Carlos - La Opinión

La temporada está siendo de lo más extraña. Aún queda lo mejor, el tramo final, la época donde se decidirá si el Real Madrid levanta o no algún título. Sin embargo, la trayectoria errática e irregular del equipo está pasándole factura a algunos jugadores. El más destacado, Karim Benzema. El francés está en el peor momento de su carrera deportiva y a nivel personal tampoco parece andar mucho mejor. Justo en un tramo de su vida profesional donde debería explotar definitivamente.

El de Lyon cumplió 25 años el pasado mes de diciembre. Es una edad magnífica para terminar de dar rienda suelta a todo el talento que tiene. Desde que despuntara en el equipo de su ciudad hace cerca de un lustro, ha habido quien ha colocado a Karim como un potencial ganador del Balón de Oro. Pues bien, si esto es así, debe empezar a demostrarlo desde ya. Sin embargo, en lugar de eso el madridismo se ha topado con una temporada de retroceso y desaceleración del galo. Un año que, de no corregirse en los tres meses de curso que le quedan, podría acabar siendo negro para él.

Los pitos de su gente en Saint Denis durante el pasado Francia-España fueron la constatación de que hay algo que no marcha bien para Benzema. El puesto de delantero siempre es muy traicionero para los jugadores que tienen más fútbol que goles. Porque a un ariete se le pide primero que marque, luego que juegue. Y Karim lo hace al revés. Tiene mucho más juego que instinto matador y eso no suele ser apreciado por el gran público cuando llegan las épocas de sequía.

 

 

Sin embargo, no solo el balón está fallando estos días al futbolista. También la cabeza. Porque Benzema se está equivocando mucho. El año pasado dio síntomas de haber madurado a las órdenes de José Mourinho. Se le vio feliz, brillando y demostrando que es un hombre que puede darle mucho al Real Madrid. Entonces se ganó el respeto de todos, del madridismo, de los aficionados rivales y de la prensa. Era una estrella bajo el amparo del mejor entrenador del mundo y de Florentino Pérez, su gran valedor en el club blanco.

El curso pasado anotó 32 goles y dio 15 asistencias, demostrando que es uno de los atacantes más completos del panorama internacional. Pero llegó la Eurocopa y decepcionó. No marcó ningún gol. Y a partir de ahí, la nueva temporada se le hizo cuesta arriba. Donde antes estaba cómodo alternando en el once con Higuaín, ahora se notaba a disgusto. Su tantos ya no llegaban con tanta facilidad como antes y, por si esto fuera poco, el Madrid se tropezaba cada dos por tres en la Liga.

Pero el colmo llegó el pasado mes de febrero, con su incidente (y condena) por conducir a mayor velocidad de la permitida tras un Granada-Madrid de negro resultado. Un incidente que dejaba ver al Karim que ya parecía olvidado, al chaval disperso que había llegado en 2009 a Madrid. Era la constatación de que este año el jugador se ha vuelto a perder y se ha desviado del rumbo por el que le había encarillado Mourinho. El francés es más noticia por lo que hace fuera del campo que por lo que hace dentro y, además, en su país también está siendo así.

Su último error fue afirmar que no canta el himno de una de los naciones más patrióticas del mundo. Justo antes de dos partidos que se iban a jugar en Saint Denis. Y en pleno bache goleador con la selección. Una invitación a la presión, a ponerse en el punto de mira. Una locura de la que Benzema salió escaldado y silbado por sus compatriotas. Ha sido un nuevo golpe para un hombre dolido y preocupado que el Real Madrid necesita recuperar de forma inmediata.

No me cabe duda de que a Benzema aún le queda mucho crédito en el Real Madrid. Porque ha demostrado que si quiere, puede. Pero tiene que remontar, tanto en lo físico como en lo psicológico. Como se suele decir, lo que no mata hace más fuerte. Karim debe reflexionar y aprender de estos reveses de la vida. Ya no es un niño y el momento clave de su carrera se acerca. En consecuencia, solo él puede decidir si quiere quedarse en un buen jugador o prefiere aspirar a codearse con los grandes del balompié. La historia de este deporte está llena de grandes promesas devoradas por su propia cabeza. Así que él debe decidir: levantar definitivamente el vuelo ahora o no hacerlo nunca.

 

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