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No hace frío en Minsk

  • El Tom Tomsk tiene el record de partido disputado a menor temperatura
El Tom Tomsk tiene el record de partido sobre nieve
José David López José David López

Las bajas temperaturas y la sensación de congelamiento global del cuerpo son ‘gajes del oficio’ cuando uno se asoma al noreste de Europa. Mezclar esas complicaciones metereológicas y la práctica del fútbol, siempre supone un handicamp especial para cualquier valiente jugador.

En la Europa occidental sólo hacemos eco de estos sufrimientos cuando uno de los nuestros se acerca a la vieja URSS, pero durante años, muchos años, numerosas escenas con frío, guantes y balones de colores se alojaron en nuestra retina guardando todas ellas la esencia del antiguo fútbol europeo.

Todos hemos visto y disfrutado aquellas noches donde el rostro abotargado del gran Valery Lobanovsky se plantaba sobre el hielo de Kiev con un Dinamo que manaba fútbol por los cuatro costados. Nadie olvida las nieblas de Moscú o las heladas de Tblisi en noches donde el fútbol físico y casi arcaico se representaba como antaño.

Ahora, cuando el Real Madrid se va a enfrentar de nuevo a las bajas temperaturas de Minsk como principal escollo rumbo a octavos, toca reverdecer aquellas anécdotas. No obstante, en la capital bielorrusa no hace frío o, al menos, no para los valientes aficionados del Tom Tomsk ruso, el equipo que mejor representa esa frigidez sobre un terreno de juego.

El modesto equipo siberiano está doctorado en meteorologías adversas, porque ostenta el récord de partidos disputados a bajas temperaturas. El Trud Stadium y los irremplazables aficionados que hasta allí se acercan, saben lo que es presenciar partidos a -20ºC. Tomsk tiene un clima continental y su temperatura media anual es de −1.3°C. El invierno es prolongado y ese dato ronda por entonces los −21°C. Aún así, se mantiene firme en la Premier Rusa, donde sus rivales suelen tener pesadillas cuando deben acercarse por allí.

La leyenda habla de que en 1969, en un partido liguero de la extinta Liga Soviética y con el Tom como local (por entonces se llamaba Tomles), se alcanzaron -52ºC. Una sensación irrepetible que demuestra que el fútbol no entiende de barreras.

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