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Empate y... gracias

  • 1-1: Juande se volvió loco y regaló una hora al Atlético. Los rojiblancos, agradecidos por el favor, se hincharon a fallar ocasiones de gol. Marcó Huntelaar cuando todo parecía perdido
Real Madrid 1-1 Atlético de Madrid
Eduardo Torrico - La crónica Eduardo Torrico - La crónica

Juande Ramos devolvió al Barcelona buena parte de la ventaja que el equipo azulgrana había cedido en las últimas tres jornadas. Con un planteamiento disparatado, el técnico madridista allanó el camino a un Atlético de Madrid que, de haber tenido algo más de acierto en los metros finales, se habría apuntado con facilidad la victoria. Pero Agüero, en una noche tan aciaga como la de Juande, se hartó de fallar goles y dejó que el derbi acabara en tablas.

 

1- Real Madrid: Casillas; Lass, Sergio Ramos, Cannavaro, Heinze (Míchel Salgado, 56’); Robben, Gago, Guti (Higuaín, 56’), Marcelo; Huntelaar y Raúl (Van der Vaar, 84’).

1- Atlético de Madrid: Leo Franco; Heitinga (Perea, 80’), Pablo, Antonio López; Maxi (Sinama, 61’), Camacho (Maniche, 68’), Assunçao, Simao; Agüero y Forlán.

Goles: 0-1 Forlán (38’). 1-1 Huntelaar (57’)

Árbitro: Fernández Borbalán (Comité Andaluz). Tarjeta amarilla para Míchel Salgado (68’), Assunçao (85’) y Gago (86’).

Incidencias: Estadio Santiago Bernabéu. Lleno.
 

El secreto de la remontada del Real Madrid en esta Liga radicaba en el orden que le había sabido inculcar Juande. Pero Juande ayer se volvió loco. Se cargó ese doble pivote formado por Lass y Gago que tan buenos resultados le había dado, porque puso a Lass en el lateral derecho y pasó a Sergio Ramos al centro de la defensa, para suplir la ausencia del sancionado Pepe. De una sola tacada, Juande desajustó la defensa y, también, el centro del campo, porque con Guti en esa zona el Real Madrid ni recuperaba el balón ni lo distribuía en condiciones. Guti está empeñado en que cada pase tiene que ser medio gol y lo normal, así, es que todos sus envíos acaben en pies de la defensa rival, a nada que ésta esté un medianamente bien posicionada.

Durante la primera mitad, el dominio y las ocasiones fueron blancas: dos tiros rasos de Robben (la segunda de las ocasiones, malgastada por el egoismo del holandés) y un zurdazo de Marcelo desde fuera del área, todos ellos repelidos por un muy seguro Leo Franco. El Atlético de Madrid nadaba y guardaba la ropa, esperando para pegar el zarpazo. El primer zarpazo, de Agüero, se produjo en el minuto 36, al aprovecharse de un mal despeje de la zaga. Pero Casillas, en su sitio, despejó el tiro del argentino. El segundo fue una contra, a la salida de un córner, que pilló desguarnecida totalmente a la defensa madridista. Agüero se fue por la banda izquierda y vio que Forlán y Maxi se metían en el área sin la menor oposición. Llegó el uruguayo y marcó, pero perfectamente podría haberlo hecho Maxi, porque el Real Madrid sigue siendo el único equipo del mundo que crea una ocasión de gol cada que bota un córner… pero para el equipo rival.

Demasiada ventaja

Juande tardó casi una hora en darse cuenta del atolladero en el que él mismo había metido su equipo. Viendo tamaño desbarajuste, quitó a Guti y a Heinze, y metió a Higuaín y Míchel Salgado. Pasó Lass al centro del campo y se situaron como laterales Marcelo y el susodicho Salgado. Con ello, el Real Madrid recuperó parte del orden que le había hurtado su entrenador. La marcha del anárquico e indolente Guti también contribuyó en buena medida a arreglar el despropósito.

Y no hubo que esperar mucho para ver los efectos del reajuste: en el minuto 57, Higuaín envió a Huntelaar sobre la frontal del área (y en fuera de juego, que todo hay que decirlo) y el holandés, a pesar de la oposición de Antonio López, fusiló con un potentísimo derechazo a Leo Franco. El empate estaba conseguido.

Se mascó la tragedia

En otra contra rojiblanca, Forlán pudo marcar de nuevo, pero su disparo se topó con el poste derecho. A esas alturas, el partido estaba completamente loco y las mejores ocasiones de gol eran todas rojiblancas: primero Sinama y luego Agüero, hasta por tres veces, hicieron lo imposible, es decir, no marcar cuando todo el Bernabéu se resignaba ya a lo peor. El Real Madrid buscaba el triunfo, pero sin demasiada convicción y, lo que es peor, sin cabeza ni fuerzas. Una chilena de Raúl, tras recibir de Míchel Salgado, estuvo a punto de sorprender a Leo Franco, pero se fue fuera por escasos centímetros.

No hubo tiempo para mucho más. El Real Madrid dio una pobre imagen, debido fundamentalmente al desquiciamiento en el que le sumió su entrenador. Luchó hasta el final, pero jamás dio sensación de que podía ganar el partido. Ni siquiera el penalti no señalado a Heitinga por agarrón a Raúl (minuto 67) puede servir de disculpa. Al menos, algo ha les habrá quedado claro a los que todavía no se habían dado cuenta: a Juande le viene grande, pero que muy grande, el banquillo del Bernabéu.

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