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El mal de altura acabó con la racha

  • Dos goles de cabeza de Navas y Renato le sirvieron al Sevilla para ganar al Madrid. Los de Pellegrini tuvieron opciones con el 1-1 pero el gol de Renato les mató. Marcelo fue maltratado por Navas durante el choque. Raúl y Benzema ni aparecieron
Sevilla 2-1 Real Madrid
David Jorquera - La Crónica David Jorquera - La Crónica

El ambiente sevillano, tan alegre por naturaleza, suele dotar al Sevilla de una marcha más cada vez que tiene al Real Madrid enfrente. Los blancos, ya sea con el diesel, el Ferrari o el todoterreno, encuentran muchas dificultades, por naturaleza, en la montaña andaluza. El senderismo en el Pizjuán es poco menos que imposible. Las fornidas piernas de Zokora y Renato eran algo más que piedras en el camino. Kaká, Guti o Benzema apenas tenían tiempo para levantar la cabeza. Un martillo pilón les azotaba y sus mentes se nublaban como la mejor de las noches invernales de diciembre.


El equipo de Jiménez, más centrado en focalizar sus cuerdas vocales sobre la actuación de Iturralde que de otra cosa, trató de llevar el partido al cuerpo a cuerpo. Al físico. Su mejor valor y, curiosamente, el peor del Madrid. Con el depósito lleno, Perotti y Navas se convirtieron en dos flechas que Sergio Ramos y Marcelo veían pasar como si de los controladores aéreos de Barajas se tratara. La velocidad en el fútbol es un factor determinante, y el Madrid perdía el envite por ese agujero.

En una de las múltiples llegadas por la banda del equipo andaluz, Perotti pateó el balón a la nada del área. Eso pensó Marcelo, que debió recordar, de repente, la falta de algún condimento en la lista de la compra de la semana. El carioca se durmió. Con almohada, pijama, pantuflas y osito. Una circunstancia de la que se aprovechó Navas, un jugador caracterizado por su ‘gran’ remate de cabeza, que agradeció el regalo del brasileño para adelantar a los locales.

Ficha técnica:

2 - Sevilla FC: Palop; Konko, Squillaci (Fernando Navarro, m.24), Dragutinovic, Adriano; Jesús Navas, Zokora, Renato, Perotti (Diego Capel, m.57); Negredo (Kanouté, m.65) y Luis Fabiano.

1 - Real Madrid: Iker Casillas; Sergio Ramos, Pepe, Albiol, Marcelo; Xabi Alonso, Guti (Granero, m.81), Diarrá (Van der Vaart, m.73); Kaká, Raúl y Benzema (Higuaín, m.53).

Goles: 1-0, M.34: Jesús Navas. 1-1, M.48: Pepe. 2-1, M.66: Renato.

Árbitro: Iturralde González (Comité Vasco). Amonestó a los visitantes Sergio Ramos (m.18), Guti (m.36) y Kaká (m.71) y a los locales Luis Fabiano (m.21), Perotti (m.36), Zokora (m.36) y Adriano (m.61).

Incidencias: Partido disputado en el estadio Ramón Sánchez Pizjuán ante unos 45.0000. Prácticamente lleno. Terreno de juego en buenas condiciones.

ZOKORA Y PEROTTI, A SUS ANCHAS

La guerra que Jiménez planteó desde el primer momento tuvo su momento álgido en una falta sobre Guti en la que, primero Zokora, y después Perotti recordaron a la figura de dos auténticos macarras de barrio. El primero le puso la mano en la cara al canterano, el segundo le empujó. Iturralde dijo no ver nada raro. Triple tarjeta para los implicados para salir en la televisión y todo listo.

Al que no le hubiera gustado salir tanto en televisión fue a Casillas. Pero el cancerbero merengue sacó lo mejor de su repertorio con paradas dignas del mejor videojuego de playstation. Sus guantes evitaron que el Sevilla se marchara dos cuerpos por delante y le dio vida a los suyos. Una vida que se revitalizó gracias a un cabezazo de Pepe que se coló por la escuadra de Palop. Aunque pareciera increíble el partido estaba más vivo que nunca y con la mejor de las pintas posibles para los de Pellegrini. La ley del péndulo sobrevolaba el Pizjuán.

LA SENTENCIA, DE CABEZA

Sin embargo, hay otra ley, la del juego aéreo, que parecía ya superada por el Madrid. Aunque como se demostró en el examen de verdad, le volvieron a pillar en el renuncio de la asignatura que suspendió durante parte del verano. Lo aprobó durante varios parciales, pero cateó el día menos indicado. Fue lo que le costó la vida. Renato saltó solo en el borde del área pequeña y, únicamente tuvo que acariciar el balón con la testa, para superar a un Casillas que ya juraba en arameo antes de ver como el balón besaba sus redes.

A pesar de que el Sevilla se dedicó a perder el tiempo durante el tramo final del choque, el Madrid tuvo una última bocanada de aire para forzar la igualada. Sergio Ramos se vio tan solo en el área que se llenó de balón. Le pegó con la fuerza inversamente proporcional a sus ganas de callar los insultos del Pizjuán hacia su persona, sin embargo, el balón se le fue a las alturas. La misma descripción que le costó el partido al Madrid. El mal de altura acabó con la virginidad blanca.

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