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El Madrid se sube al cero

  • El conjunto de Manuel Pellegrini sumó ante el Mallorca su tercer partido consecutivo sin encajar goles
Ante el Mallorca, la defensa blanca sumó su tercer partido consecutivo a cero
Borja Fernández Borja Fernández

El Real Madrid va mejorando jornada a jornada. Uno de los mejores ejemplos de ellos es la inusitada seguridad de una línea defensiva 'merengue' tradicionalmente reconocida por su dificultad por dejar la portería a cero.

Pero los encuentros en los que el Madrid se sumergía en una frenética carrera con sus rivales por ver quién anotaba un tanto más que les permitiera llevarse los tres puntos, apostándolo todo a su acostumbrado torrente ofensivo, son cosa del pasado. Manuel Pellegrini tiene claro que el primer paso para sumar puntos es no recibir goles y su equipo ha asumido esta doctrina como si de un dogma de fe se tratara. Los datos no engañan: la temporada pasada, el equipo blanco llegó a la jornada 17 con 26 goles en contra, el doble que esta temporada.

Con el del Mallorca, el Real Madrid ha sumado su tercer partido consecutivo en el que ha logrado echar el candado a su portería. En 240 minutos, Iker Casillas no ha tenido que acudir al fondo de su portería para sacar, en este caso, el indeseable balón. Es más, ante los de Gregorio Manzano, el guardameta apenas tuvo ni que sudar la camiseta (caso también complicado con la nieve que cubría la capital). El Madrid no sólo no encaja goles, de hecho es el segundo equipo que menos tantos encaja (13), sino que apenas le hacen ocasiones. Ante Zaragoza, Osasuna y Mallorca, coincidiendo además con la ausencia del hasta hora insustituible Pepe, el conjunto de Pellegrini no permitió a los rivales acercarse a su área más de lo necesario. Moraleja: el Madrid sumó 7 de los 9 puentos en juego (Higuaín marró ante Osasuna la oportunidad más clara del partido) evidenciando una solidez defensiva desconocida en la 'Casa Blanca'. Y ésta mejoría tiene varios nombres propios.

 

LOS NOMBRES DEL MURO

En primer lugar, Raúl Albiol. El valenciano llegó a Madrid con la obligación de mantener en un equipo con querencia por el ataque la misma firmeza que ya había demostrado en Valencia, un equipo que tiende a armarse desde atrás. "El portero se tiene que sentir seguro con la defensa", aseguraba Albiol, el defensa que más juega y que más balones recupera en el Madrid. Su acertado posicionamiento en el campo, buen juego por alto y velocidad en el cruce (no, no hay que pedirle que sepa sacar el balón jugado, esto no es el Barcelona) han evidenciado que no se falló con la contratación de un futbolista al que, por edad (24 años), le quedan muchos tardes de gloria con la elástica blanca.

Por otro lado, el perfecto acoplamiento a las bandas de Sergio Ramos y Álvaro Arbeloa. El sevillano ya era un muro infranqueable, un habitual en las alineaciones 'merengues', al que sólo ha podido ensombrecerle él mismo. Su baja forma en algunos momentos de la temporada hicieron dudar a muchos de un jugador sin par. Si consigue recuperar su mejor tono, junto al resto de jóvenes compañeros zagueros, hará historia. No obstante, a sus 23 años ya es un clásico en el lateral derecho del Madrid. Por su parte, Arbeloa llegó con la garantía de fábrica 'made in Rafa Benítez'. El salmantino, fogueado en el intenso ritmo del fútbol inglés, sólo tuvo que esperar su turno para convertirse en imprescindible. Ahora, con la confianza de quien se sabe titular, se atreve incluso a galopar por todo lo largo y ancho de la banda.

Por último, la sorperendente aparición de Ezequiel Garay. "Garay ya era titularísimo antes de conocer la triste noticia de Pepe. Tanto Albiol como Garay me dan plenas garantías en defensa", explicaba Pellegrini tras el encuentro contra el Mallorca. Y es que, Garay se ha acoplado sin problemas al lado de Albiol y con él en el campo el Madrid ya no sufre.

"Desde hace mucho tiempo no teníamos una defensa tan potente. Me siento seguro con ellos. Hemos ganado en competitividad. Somos más compactos y me parece una defensa brutal", reconcía Casillas, alias 'el Santo', principal beneficiado de este cambio radical. Ahora, gracias a sus compañeros, ya no se ven tantos milagros en el Bernabéu... ni falta que hace.

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