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Venganza con la gorra

  • Los de Mourinho vencieron con suficiencia a un Milán muy pobre (2-0). Cristiano y Özil, los ejecutores. Ronaldinho y Robinho se llevaron el 'cariño' del Bernabéu con una sonora pitada incluida.
R. Madrid 2 - 0 Milan
David Jorquera -  Santiago Bernabéu David Jorquera - Santiago Bernabéu

El Real Madrid demostró quién es el jefe de su grupo de la Liga de Campeones y venció con cierta facilidad a un Milán venido a menos. Cristiano, de falta, anotó el primero y Özil, con la ayuda de un defensa, hizo el segundo. Los de Mourinho mantuvieron el tipo durante todo el partido e, incluso, de haber estado más acertados, hubieran podido marcar uno o dos goles más. El grupo, salvo catástrofe, queda claramente definido a favor de un Real Madrid que va a más.

Si el Madrid quería una puesta en escena que intimidara, le salió a la perfección. Con un Bernabéu lleno hasta la bandera, animando desde el primer segundo de partido, los blancos salieron enchufadísimos. Sabían que no había un trofeo en juego en el envite, sin embargo, la motivación era máxima. El Milán salió contemplativo, temeroso, como si el partido durara dos días. El Madrid, por el contrario, quería carnaza desde el primer segundo.

No fue en el primero, ni siquiera a los 10, pero Mourinho y los suyos olían sangre italiana. Sus ojos eran delatadores. El impacto de las botas rosadas de Cristiano fue el primero que se dejó sentir. Proença señaló una falta en la corona del área y, en el momento en el que el luso se llevaba el pito a la boca, Ronaldo ya estaba perfilando por donde colocarla. Olía a gol. CR7 la colocó con mimo, calculó su distancia y maltrató el balón. La barrera del Milán también puso de su parte. Se movió e hizo que se movieran los 80.000 que habitaban en el Bernabéu. A pedir de boca el inicio. Mourinho se apretaba la bufanda. Le gustaba lo que veía, y el panorama era ideal para su concepción de fútbol.

Si el con el primero Mou podía estar feliz, con el segundo engordó cinco kilos. Mesut Özil, con más movimiento dentro del campo que los 11 jugadores del Milán juntos, se encontró una pelota dentro del área y, con la ayuda de Bonera, marcó el segundo. El guión no lo había escrito ningún seguidor madridista, sin embargo, cualquiera lo hubiera podido soñar. En 15 minutos su equipo ventilaba al Milán con dos goles de ventaja. Era el tiempo de la gestión. El de no desesperarse y el del contragolpe. Con la velocidad arriba de los blancos, el Milán estaba condenado a sufrir.

FICHA TÉCNICA

Real Madrid: Casillas, Arbeloa, Pepe, Carvalho, Marcelo; Xabi, Khedira, Di María (Granero 85'), Özil (Lass 82'), Cristiano; Higuaín (Benzema 89')

Milan: Amelia, Zambrotta, Nesta, Bonera, Antonini; Gattuso (Boateng 59'), Seedorf, Pirlo; Ronaldinho (Robinho, min.73), Ibrahimovic, Pato (Inzagui 77')

Goles: 1-0 Cristiano Ronaldo (12'), 2-0 Özil (14')

Árbitro: Pedro Proença (por). Amonestó a Bonera, Boateng, Antonini, Di María

Estadio: Santiago Bernabéu. Lleno total. 80.000 espectadores.

La autogestión blanca le llevó a retroceder unos metros la presión con el objetivo de tapar huecos y evitar algún susto. El Milán se vino arriba, dentro de sus posibilidades, y se encontró con Iker, hasta entonces inédito, con una gran mano en una falta magistral lanzada por Pirlo. No había aparecido pero Iker estaba ahí. El Madrid también creó su peligro. Un par de contraataques pudieron acabar en sentencia, sin embargo, Di María demostró su nerviosismo y perdonó al luminoso el tercer gol local.

Ronaldinho y Robinho, enemigos públicos

El Milán jugaba andando, lo cual era beneficioso para el Madrid, que se sentía cómodo. Apenas le soplaban en la nuca y mantenía el tupé como si se lo hubiera mojado durante la segunda parte. El trío ofensivo del Milán no se movía, y el Madrid, sin descolgarse en la ofensiva, se mantenía vivo y avisador. No había grandes ocasiones de gol, pero a Casillas no se le veía y el área del Milán era el más concurrido de todo el partido. Además, para avivar la fiesta, a Ronaldinho no le salía nada y salía al campo Robinho. En el campo había emoción. En la grada, casi más. Empate técnico a silbidos entre los brasileños.

Donde no había ningún tipo de empate era en el terreno de juego. El Madrid seguía dominando el tempo del partido. No arriesgaba pero seguía ganando la mano sin necesidad de llevar cartas. Los italianos ni podían ni aparentaban meter miedo. Y el tiempo pasaba. Y pasaba. Y Casillas seguía durmiendo. Los blancos continuaron su paseo triunfal mientras Robinho seguía sufriendo su penitencia en forma de silbidos por su espantada. El final del partido fue la mejor decisión. El Madrid acabó contento porque ganó y el Milán también porque dejó de tirar su prestigio por el suelo. Un año después, hubo revancha.

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