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¡Ahora más que nunca!

  • ¿Ebullición o fuego lento?
¿Ebullición o fuego lento?
Naza Diaz Naza Diaz

Se dice sin pudor alguno a lo largo y ancho de nuestra geografía que la afición del Real Madrid es, sin duda alguna, la que más sabe de fútbol y más le ha entrado por sus ojos. No iba a ser menos, por supuesto.

 

Otras aficiones presumen de fidelidad, de ser la “mejor del mundo”… pero es cierto que la parroquia madridista será siempre una de las más duras y exigentes con sus jugadores. En cada partido se espera a los mejores.

 Y es que la camiseta del Madrid pesa, aunque no lo crean o no lo parezca, como si de un chaleco de plomo se tratara. Muchos no lo aguantan tal y como se ha comprobado a lo largo de diversas temporadas, no superan esa dura prueba de fuego. Otros se agarran a ella, a su escudo y a su historia como a un clavo ardiendo y terminan por pasar a la historia del club. Eso ansía la afición, ver a sus estrellas defender el atuendo blanco con sangre, sudor y lágrimas.

A menudo la grada del Bernabeu se muestra fría, observadora. Toma nota, valora y emite un juicio. Así de simple. Si le gusta aplaude, si no le gusta, silva. Respetable aunque, ¿suficiente? A veces parece que no.

 La hinchada siempre tiene la razón en el fútbol y más cuando se trata de un club de titánicas dimensiones. Sin embargo, se habla mucho a cerca de la entrega de los aficionados en cada partido.

 

 Muchos jugadores han pedido en sus declaraciones más fervor durante los encuentros, pues se consideran faltos de apoyo en ciertas ocasiones. Pero el Bernabeu no entiende de espectáculos circenses, sino de fútbol.

¿Qué debe ser el Bernabeu cada jornada en la que el Madrid reciba a un rival? ¿Una olla con el agua en plena ebullición o un caldo cocinándose a fuego lento?

La diferencia del club de Chamartín con cualquier otro equipo del mundo y que muchos no entienden es que sus hinchas no acuden al campo a vociferar sin ton ni son ya que esperan ver cada domingo al mejor equipo del mundo, no trabajando por la victoria, sino luchando por aplastar al rival.

 La afición lleva la victoria en los genes y confía en que los jugadores les representen como se merece el club.

 El conjunto de Mourninho se ha complicado sus aspiraciones ligueras y solo queda encomendarse al incondicional apoyo de los seguidores madridistas. No se permite ni un pinchazo y menos como local. Ahora más que nunca, el equipo necesita a sus 80.000 jugadores. 

 

 

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